Desvergüenza y sumisión contra Cuba

El motivo de este artículo es denunciar el intento yanqui de condenar a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos, para seguir “estrechando el cerco” y, además, tratar de sacarse la “espina en el costado” que constituye Chávez y la Revolución Bolivariana para los círculos de poder norteamericanos. Ese es el motivo de este artículo.

Me parece estarlos viendo: entornando la boca, como si fueran a chupar un limoncillo, con la mirada en el horizonte, como los “grandes” pensadores. Me refiero a nuestros intelectuales liberales y a nuestros comunicadores, que se ponen “a la moda”, acabando con Cuba, por la violencia de los llamados “derechos” humanos. Luego, hacen uso de su visa americana, y quizás participen en algún acto “progresista” inofensivo, en algún barrio de Nueva York o California, para así aquietar su vulnerada conciencia.

En el caso de los gobernantes y la clase gobernante del mundo, la cosa es más clara pero mucho más grave. A nuestros comunicadores e intelectuales lo único que les interesa es su visa y que la clase gobernante les permita recoger algunas “migajas” del festín. Pero el interés de los gobernantes y las clases gobernantes de nuestros pateados países, es de otro tipo: si los yanquis le retiran el apoyo, pueden perder el único hilo que los mantiene en pie, a pesar de la furia de las masas. ¡En justicia, debemos reconocerles que su “causa” es más fundamental! ¡El grueso de los intelectuales y comunicadores de este mundo, que se hace cada vez más pequeño, ha sucumbido ante los sutiles sortilegios del imperio! ¡Y gobiernos como los de Chile, Uruguay, el de España de Aznar y el de la llamada República Checa, se han prestado al juego de los Estados Unidos para jugar el triste papel del lacayo que se atreve a presentar en la Comisión de Derechos Humanos, en Ginebra, una resolución de “condena” a Cuba por violación de los Derechos Humanos!

¡Es como todos los Pilatos, que se lavan las manos y voltean la cara, mientras el imperio agresor muestra ante la faz de la humanidad su verdadera calaña de agresor criminal. ¡Por Dios!: ¿Irak no es suficiente? ¿No es suficiente el genocidio contra el pueblo Palestino, con dirección y asesoría norteamericana? ¿Y el caso de Haití? Qué dice la OEA ante el caso de un Presidente, elegido por el voto, que es sacado de su cama por las tropas norteamericanas y francesas, para instalar un títere, que vivía en Miami, y que luego reconoce como legítimas a las bandas fascistas que ensangrentaron a Haití? ¿Y el caso de los prisioneros en la base yanqui de Guantánamo? ¿Y la violación desvergonzada de los derechos de los patriotas cubanos presos en Miami? ¿No basta tampoco la mano criminal del imperio, que no le deja un minuto de tranquilidad al gobierno constitucional de Chávez?

No se trata de “derecho humanos”. Si fuera ese el caso, no hay dudas de que los gobernantes norteamericanos se ganaran, con toda justicia, el galardón como los principales violadores de los mentados derechos. No se trata tampoco de la Soberanía y los derechos de los pueblos. ¡Sin discusión, los Estados Unidos se ganan el galardón como los principales violadores de estos derechos! Seamos un poco más pedestres, y hablemos de equidad, de comida, de salud, de educación. ¿Recuerdan ustedes que estos derechos están consignados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos? Esa hoja de parra detrás de la cual esconden sus ignominias todo tipo de gobernantes, políticos, “intelectuales”, “comunicadores”. ¡Bueno!: Si de Derechos Humanos se trata, empecemos por el derecho a la Educación, a la Salud y a la Dignidad.

¿Piensan ustedes que esos derechos están en algún país mejor garantizados que en la Cuba Revolucionaria?

¿Piensan que hay algún país de la tierra donde se pueda decir que no hay un niño o niña, o un anciano, que no tenga acceso gratuito y excelente, a la comida, a la educación y a la salud, como pasa hoy en la Cuba cercada y agredida?

Como revolucionario soy un crítico de muchos aspectos de la Cuba Revolucionaria. No solo de palabra sino que esas posiciones están estampadas en periódicos, revistas teóricas y en una práctica de más de cuarenta años. Pero defiendo, y siempre he defendido, la revolución cubana y el derecho del pueblo cubano de decidir, por su propios medios, su destino. Y además, defiendo las conquistas fundamentales de la revolución, entre las cuales se cuentan, entre muchas otras: la del acceso gratuito y universal de la niñez y la juventud a una educación de la mejor calidad, el derecho de todos los ciudadanos y ciudadanas a los servicios de salud, el derecho universal al trabajo. Y algo que para los revolucionarios de toda la vida, y para todo el género humano, tiene un valor inconmensurable: ¡La Dignidad! ¡La defensa de la Soberanía! ¡El inmenso orgullo de ser parte de un pueblo que la ha dicho: ¡No! a la potencia que humilla, explota y denigra a nuestros pueblos y naciones!