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Una encrucijada

Madrid, España. A muchas mujeres maltratadas se les hace difícil denunciar a las autoridades correspondientes los vejámenes a que son sometidas por sus parejas o por aquellos con quienes en momentos determinados de su vida mantuvieron algún tipo de relaciones.

Es muy fácil hablar de denuncias por malos tratos, cuando realmente es una decisión difícil de tomar, toda una encrucijada que conlleva diversos ingredientes entre ellos el miedo al agresor, que podría tornarse más violento al ser legalmente denunciado y fichado como cobarde abusador, que le puede conducir a prisión o a un alejamiento total de su víctima.

La cantidad de mujeres que callan las constantes agresiones de sus parejas es mucho mayor que aquellas que deciden valientemente denunciarlas y es por esto que el silencio sea una de las causas principales para que la suma de muertes femeninas no desciendan, principalmente en algunos países donde la violencia de género es realmente alarmante, sobre todo en la clase social de mayor pobreza, donde la falta de educación es un elemento a tomar en cuenta.

España registra anualmente unos 75 feminicidios, en una población de 50 millones de habitantes, mientras que en República Dominicana, la cifra es casi siempre el triple, en una población de unos 10 millones de habitantes.

En lo que va de año, en toda España han muerto una 45 mujeres dentro del marco de la violencia machista, en República Dominicana se han registrado unas 126 víctimas, una cifra que alarma, pues significa que a final de año, los feminicidios suceden cada dos días y a veces a diario.

Aunque se reconoce que detener la violencia de género es una tarea complicada, existen métodos para, al menos, reducirla considerablemente.

Las mujeres deben entender la importancia de denunciar, mientras que las autoridades deben emplearse a fondo con programas en los cuales las féminas encuentren un real apoyo que las protejan de las garras criminales de sus ex o actuales parejas. Se necesitan centros de acogidas, ayudas económicas, trabajos, para que las denunciantes que dependen económicamente de sus maltratadores puedan liberarse y poder salvar sus vidas e incluso, las de sus propios hijos.

Es más inteligente buscar fondos económicos para ayudar a la mujer maltratada, que tener que asumir luego la carga moral y social de miles de huérfanos víctimas de la llamada violencia de género.