Detalles: Convivencia armónica

DOHA, Qatar.- Nuevamente estoy en esta pequeña nación del Golfo Arábico, construido en una franja del desierto de Sahara, y como en otras ocasiones, las visitas familiares me han permitido conocer más ampliamente, no solamente esta pequeña nación considerada la más rica del mundo, sino además un poco a sus gentes, quienes a diferencia de otros de países musulmanes, conviven en armonía amplia con los extranjeros occidentales que llegan de todos los continentes, sin importarles sus creencias religiosas, vestimentas, culturas y tradiciones.
En Qatar la educación internacional, impartida por profesores, en su gran mayoría occidentales, acoge un porcentaje elevado de hijos qataríes, quienes se mezclan con alumnos cuyos padres provienen de cercanos y lejanos países, como del África, toda América Latina, estadounidenses, canadienses, europeos, asiáticos, en fin una multicultura que va en beneficio del estudiantado.
Los diversos colegios, amén de los locales, provienen de todas partes, los padres tienen una amplia gama para escoger la educación escolar de sus hijos que puede ser la británica, norteamericana, francesa, turca, jordana, española, filandesa y así por el estilo. En ellas predomina el idioma inglés, que es el más usado para la comunicación entre todos, pues Qatar fue un protectorado inglés, a diferencia de otros países de la zona donde los franceses fueron los colonos.
Lógicamente, los qataries hablan árabe, pero más bien entre ellos; se dirigen a los demás en inglés. No es obligatorio para los extranjeros hablar árabe, pero para un trabajador es imprescindible dominar el idioma inglés.
Una muestra de tolerancia, y de armonía, es el complejo religioso cristiano, situado en una hermosa y residencial zona de la capital que lleva el nombre de Nuestra Señora del Rosario de Arabia, donde está la iglesia San Pablo, templo donde los católicos podemos escuchar misa. El oficio religioso se celebra en varios idiomas, como el francés, portugués y español. El complejo sirve para reuniones familiares, sobre todo para la preparación de los niños que realizarán la primera comunión, o la confirmación.
El domingo pasado, unos 250 feligreses escuchamos el oficio religioso, en español, celebrado por un sacerdote filipino, quien amonestó a todos los que llegaron tarde. Los asistentes eran latinoamericanos, españoles y uno que otro filipino. Casi por completo, todos los presentes que llenaron el templo tomaron la comunión, y no deja de sorprender esa gran fe.