Detalles
¿Ahora se conmoverán?

Basta segundos para que la vida de cualquier ser humano, o de muchos, cambie drásticamente para bien o para mal.

En el caso de los haitianos, desafortunadamente fue para peor, pues desde  los inicios de su historia como país, a su gente le ha tocado un estilo de vida sin calidad humana,  rodeada de miseria, en una sociedad extraña con carencia real de gobernabilidad que  conduce a sus habitantes al desorden, al desastre y en cierta forma a lo primitivo.

Ese ha sido siempre el panorama de Haití, un país al que en el plano internacional las naciones poderosas, aunque expresen lo contrario,  nunca han querido ayudar a fondo.

Es posible que la magnitud  de la actual tragedia conmueva a las naciones ricas, pero desgraciadamente pensamos que eso no sucederá y que la ayuda quedará simplemente en donaciones de alimentos y otros servicios para los damnificados, no en programas de envergadura, ayudas económicas reales para desarrollar a Haití como una nación más o menos razonable donde el caos en todos los sentidos se elimine y que las débiles instituciones de ese país salgan a flote y puedan funcionar correctamente.

En fin, construir un país donde la gente se sienta segura no solo de vivir, sino también de invertir, por ejemplo, en turismo, pues Haití tiene hermosas playas y montañas, pero para eso lo primero es asegurar la protección física del visitante y todo un tinglado de higiene, además de construir una infraestructura para poner en marcha la llamada industria sin chimeneas que tanto beneficio ha dado a República Dominicana.

En Haití lleva operando desde hace unos cuantos años un grupo de contingentes de las Naciones Unidas que ha sido testigo cotidiano de los graves problemas de esa nación; sin embargo la situación de ese país hermano nunca mejoró y luego del terremoto considero que  será peor.