¿Determinan las elecciones de febrero, los resultados de mayo?

Mihail García

La anatomía electoral dominicana ha venido sufriendo cambios significativos desde que en el año 2010 la Constitución consignara la celebración de las elecciones municipales en el mes de febrero y las congresuales y presidenciales para el de mayo.

A esa disposición constitucional se le sumó lo planteado en la ley de voto preferencial, del año 2013, en cuanto a la homologación de este tipo de votación para todos los niveles de elección, incluyendo el voto para los regidores y vocales del área municipal.

Los electores no sintieron ninguna de estas dos disposiciones en las elecciones del 10 y del 16 porque en ambos casos se incluyeron artículos transitorios que, postergaron la implementación de la parte municipal para el año 2020.

Lo anterior quiere decir que las elecciones de este año tendrán como elemento novedoso la implementación de las votaciones municipales el 16 febrero y la inclusión del voto preferencial para los regidores.

En adición a esto cabe destacar que la inclusión del nivel de elección de los diputados dentro de la Ley de Régimen Electoral, elimina el arrastre mutuo que se tenía en el nivel congresual, dejando sólo al nivel municipal con esta realidad.

Como pueden ver febrero nos pone ante el postigo de un proceso novedoso y complejo, nunca visto en el devenir electoral dominicano, toda vez que por primera ocasión los ediles, representantes directos de la comunidad, serán elegidos por voto directo.

Toda esta retrospectiva histórica nos sirve para responder la pregunta que da título a este artículo.

¿Determinan las elecciones de febrero, los resultados de mayo?

La respuesta, desde mi punto de vista, es que no, ya que múltiples factores determinarán la elección de los alcaldes el próximo 16 de febrero.

En primer lugar, por ser los ayuntamientos el nivel más cercano a la gente, el liderazgo local influye mucho en la elección de las autoridades. Para graficar esta premisa les pondré el siguiente ejemplo:

David Collado y Abel Martínez poseen liderazgos locales tan fuertes que ambos ganarían las elecciones de sus demarcaciones sin importar que partido político sustente sus aspiraciones (De ambos sólo Abel aspira a la alcaldía). De manera que, como estos dos casos, existen otros tantos más.

En otro orden, la composición de la oferta de regidores en la boleta municipal podría complementar, en unas ocasiones, y hasta arrastrar a los alcaldes. Es decir, que veremos casos donde el candidato a la alcaldía no es tan potable, pero por la fortaleza del liderazgo de los regidores que oferta su boleta podría ganar las elecciones.

Por último, es por todos sabido que muchos candidatos a alcaldes y regidores que van en la oferta electoral del PLD cuentan con el apoyo de los acólitos a la Fuerza del Pueblo, razón por la cual es muy difícil estimar si el triunfo de ese partido en varias demarcaciones que lucen seguras corresponde a la “fortaleza” del partido morado o a la “esperanza” que representan estas autoridades locales para la Fuerza del Pueblo.

En fin, lo único seguro para febrero es que asistiremos a un proceso complejo, cuyos resultados, por su fisonomía, no necesariamente incidirán en mayo.