Deudas con la austeridad

Deudas con la austeridad

Racionalizar el gasto en aras de lograr una prestación eficiente de servicios públicos cobra relieve como objetivo del Poder Ejecutivo reafirmado con las concretas disposiciones del decreto 396-21.

Una sacudida oportuna contra la tendencia de ciertas discrecionalidades y autonomías a actuar divorciadas de la realidad y sin sentido del ahorro ante las urgencias de la nación.

Cabe reconocer la resistencia que, al menos hasta ahora, han puesto altos niveles de poder a la pretensión de recargar las nóminas de una mega administración pública heredada por los nuevos heraldos del cambio, una multiplicación de empleos y sueldos en pleitesía al activismo partidario no difícil de lograr por estar expandida de viejo una descentralización que resta vigilancia sobre ámbitos que salen caros al fisco, que funcionan en virtud de una generosidad de subsidios que no ha construido eficiencia.

Cierto es que cobran vigencia escrutinios importantes sobre manejo de recursos desde órganos como la Dirección de Compras y Contrataciones, la Contraloría General de la República y el imprescindible protagonismo de una Cámara de Cuentas que, ahora rediviva, trae esperanza; pero si se mira bien, falta tela por cortar todavía. No pocas visiones subalternas han dado muestras de adhesión a criterios administrativos afines a lo superfluo y diferentes a los que se exponen desde la raíz y el tronco de la gestión pública en pie.

Alto ahí para Daniel Ortega

Nicaragua se ha tornado infortunada por el curso desviado que a los ejercicios de autoridad ha impreso un sandinismo (ya deformado) que nació contra la opresión de la dinastía somocista y ahora se empeña en ser como ella, con una megalomanía que anula libertades para retener el poder.

Muchos de quienes con hechos o posiciones políticas avanzadas apoyaron desde el resto del continente la lucha por los derechos de los nicaragüenses se sienten defraudados, indignados.

La solidaridad democrática que contribuyó significativamente al descabezamiento de la dictadura de los Somoza en 1979 está revivida contra el retroceso y en favor del pleno respeto a los derechos humanos en esa patria hermana y hermosa.

Se equivoca el nuevo absolutismo si cree que la conciencia de América permanecerá dormida.