Día de las Madres moviliza familias hacia los cementerios

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POR MARIEN A. CAPITAN
En los cementerios, la de ayer fue una jornada para colocar flores en los jarrones, prender velas y acondicionar la última morada de un ser que hoy todos recuerdan con especial dedicación: la madre.

Quejándose de que las autoridades municipales descuidan demasiado el cementerio, en el Cristo Redentor, hubo mucho movimiento en el día de ayer. La gente, evitando el cúmulo que habrá hoy, cumplía con la tradicional encomienda de darle mantenimiento a las sepulturas de cara al día de las Madres.

Una de esas personas era Patricia Bisonó, quien se sorprendió al ver que una brigada del Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN) podaba los árboles de la entrada, desyerbaba y recogía la basura. “Normalmente nunca limpian, al menos hoy lo están haciendo”, indicó Bisonó frente al mausoleo de los Alfau-Bordas, lugar donde están enterrados sur suegros.

Para doña Altagracia Alfau de Canó este esfuerzo no será suficiente. “Eso debió haberse hecho miércoles y jueves para que desde el viernes pudieran venir las personas y encontrar esto decente. Hoy es que están podando en la avenida”, lamentó.

Otros, como José Manuel Rosario, no sólo se quejó del sucio: también apuntó que a la tumba de su suegra, María Sánchez de Rivera, le han robado el jarrón cuatro veces. “Esto lo desyerbamos nosotros porque hay un desorden en este cementerio. Inclusive se volvieron a llevar uno de los jarrones. Como todos son iguales, parece que la gente está robando para otros muertos. La tumba esta extremadamente tapada por la yerba”.

Dicho esto, Rosario manifestó que el ADN sólo le estaba limpiando la cara al cementerio: es decir la entrada. “La parte esencial, que es donde están las tumbas, no están haciendo el trabajo. Nosotros vinimos temprano porque mañana esto es un caos”, apuntó Rosario al tiempo de agregar que el cuidado del cementerio no sólo concierne a las autoridades, sino que los dolientes también deben contribuir con el cuidad del lugar.

Andrea Rivera, por su parte, también entiende que el ADN debió comenzar a limpiar el Cristo Redentor hace unos días. “Eso debió ser más temprano, no en el día de hoy. Hoy coinciden con nosotros”.

Doña Nieves Luis de González, incómoda, apuntó que en el lugar no limpian. “Ellos nada más limpian la parte de adelante. Cuando tú vienes tú ves la parte de adelante muy limpia pero cuando tú entras para atrás todo está sucio. Y así no es, no. Deben ocuparse más de la limpieza, de quitar los matorrales”.

¿Otra necesidad? Que pavimenten las calles que dan acceso a las diversas manzanas. De tan mal estado están, que en algunas hasta ha crecido la hierba.

DOBLEMENTE SEPULTADOS

Desde las ocho de la mañana una brigada del ADN trabajaba para limpiar el Cristo Redentor. Afanados, intentando dejar la entrada bonita, los empleados manifestaron que cuando terminaran con el área de la entrada se internarían en los recovecos. En ellos, argumentaron, también se limpiaría.

Aunque no se puede dudar de sus intenciones, es un poco difícil que pudieran dejar lista toda la superficie del cementerio: extenso, lleno de laberintos, mucha basura y demasiados hierbajos y matorrales, se hubiese necesitado casi a un contingente para dejar todo aseado. Por esa razón, a juzgar por los veinte o treinta empleados que podrían estar trabajando ayer, es imposible que pudieran limpiarlo todo.

Esta limpieza, sin embargo, hubiera sido muy útil para lograr que algunos difuntos perdieran su segunda sepultura: la de la basura y los matorrales que las cubren, dejando hasta las cruces completamente ocultas.

Con espacios que parecen más propios de una jungla que de un cementerio, en el Cristo Redentor no falta nada: por tener, tiene hasta una charca de aguas sucias en medio de algunas sepulturas. Pero también, porque hay que ser original, existen mausoleos que se dejan anegar por una fuga de agua que nadie sabe de dónde salió. Es el caso, por ejemplo, del que alberga los restos de ha Aurora Martínez de Peña.

Dejando de lado las dobles sepulturas y las “selvas funerarias”, toca hablar del Cementerio Nacional de la Avenida Máximo Gómez, un lugar que está un poco más cuidado pero donde ha fallado más la seguridad puesto que no es extraño ver candados y porta candados rotos.

Peor aún es ver cómo se han llevado la puerta de hierro que servía de protección a un mausoleo: arrancándola de cuajo y rompiendo el cemento.

A pesar de que los robos estaban a la orden del día, Fabricio Díaz, empleado del lugar, estableció que desde que ya los ladrones no están apareciendo por allí: los policías municipales los han espantado.

Con sepulturas rotas, cruces en mal estados y mausoleos abandonados, este camposanto está un poco menos olvidado que el Cristo Redentor. Esto, sin embargo, no implica que no hayan restos de basura por las esquinas y que, en las tumbas que están al fondo, no haya signos de descuido. Es que, al parecer, mientras más al fondo están los muertos menos se les cuida y se les respeta. Ojalá alguien los recuerde alguna vez.