Diálisis, mejor temprano que tarde

Diálisis, mejor temprano que tarde

Los riñones sanos se ocupan de limpiar la sangre y eliminar las toxinas, así como el
exceso de líquido en forma de orina. Además, producen hormonas necesarias para el correcto funcionamiento del organismo, regulan la presión arterial entre otras cosas.

Cuando las personas desarrollan insuficiencia renal, en sus etapas avanzadas necesitan algún tipo de terapias sustitutivas, las cuales pueden ser hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante de riñón.

La hemodiálisis ayuda a manejar las toxinas urémicas y el exceso de líquido acumulado por la disminución en la formación de orina en la etapa terminal de la enfermedad renal.

Consiste en pasar la sangre por un riñón artificial extracorpóreo y tras ser filtrada retorna al paciente a través de un acceso vascular.

Es frecuente en nuestro sistema de salud la renuencia a iniciar terapia de hemodiálisis tras ser indicada por el nefrólogo debido a distintas razones planteadas por los pacientes como miedo, desconocimiento sobre la terapia y tabúes que se han desarrollado en el argot popular, llevando al enfermo a buscar distintas opiniones y a perder la oportunidad de iniciar la terapia en el tiempo necesario.

El inicio tardío de hemodiálisis se relaciona a eventos y complicaciones importantes, tales como edema pulmonar agudo, anemia grave con descompensación cardiometabólica, encefalopatía y coma, crisis hipertensiva y arritmias.

El inicio programado de la misma presenta ventajas sobre el urgente que difieren desde el tipo de acceso vascular. En los inicios urgentes se debe canalizar una vena de buen calibre como la yugular, femoral o subclavia para colocar un dispositivo tipo catéter de doble luz en el cual se obtiene alto flujo de sangre.

Los procedimientos de este tipo que se realizan en situación de emergencia tienen un alto índice de complicaciones y maltratan el sistema venoso para futuros accesos y posibilidades de trasplante.

Los pacientes con catéteres presentan mayor índice de mortalidad por cualquier causa, así como mayor probabilidad de internamientos y enfermedades asociadas a la insuficiencia renal. Es por esto por lo que se recomienda un inicio de diálisis programado y bajo un régimen de seguimiento estrecho en la consulta de predialísis.

Es importante conocer que existen otras opciones de tratamiento renal sustitutivo, expuestas a lo largo de este artículo.

Las mismas incluyen la diálisis peritoneal y el trasplante de riñón, pudiendo este último realizase en algunos casos, incluso de manera preventiva.

Es por esto que en la primera toma de contacto entre el médico nefrólogo y su enfermedad renal crónica, se enfoque de manera adecuada cómo, cuándo y qué opciones son las más adecuadas en su caso, para iniciar terapia renal sustitutiva.

Cómo y cuándo iniciar diálisis
Es una cuestión importante que conocer tanto por el paciente como por su médico.
En primer lugar, no todos los pacientes con enfermedad renal crónica avanzada tienen conocimiento de esta, existe un creciente porcentaje de pacientes que llega a la consulta de nefrología ya en etapas avanzadas e irreversibles de insuficiencia renal.

Donde la primera toma de contacto resulta en la aterradora frase “hay que dializarlo”.
Como regla general y a pesar de una situación clínica aparentemente estable, se debería empezar tratamiento sustitutivo cuando la función renal se encuentra en un 8-12%. Por debajo de estas cifras el deterioro será muy rápido y la probabilidad de complicaciones asociadas a la enfermedad será más alta.

Sin embargo, con control estrecho hay pacientes que pueden manejarse durante meses dentro de este rango en condiciones cercanas a la normalidad. Es importante que el paciente inicie la terapia encontrándose bien y no en situación de malnutrición o con mucha sintomatología urémica.

Si el paciente se encuentra muy mal y/o los análisis están muy alterados, el momento de iniciar diálisis ha llegado ya. Pero si la analítica no está muy alterada y el paciente puede realizar numerosas actividades de la vida diaria, se podría esperar.

De hecho, hay situaciones en las que puede ser beneficioso esperar un poco. Si el estado psicológico del paciente lo exige o si se está pendiente de la realización o maduración de un acceso vascular o peritoneal.