DIBUJO, LITERATURA, IDENTIDAD

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Como ya lo afirmamos con reiterada convicción, hay pequeñas exposiciones, de pequeños formatos, que son ricas, complejas y originales, que multiplican las miradas y demuestran que el papel es un soporte incomparable.
Así sucede con la colectiva “Celebración gráfica de Maryse Condé”, que cuenta con la curaduría entusiasta de Delia Blanco. Sí ponderamos este último punto, es que implica no solamente una organización y una selección, sino que destaca la iniciativa y la concepción misma.
Delia Blanco comparte su afección y casi “fijación” entre las artes visuales y la creación literaria, el Caribe y Francia. La exposición, presentada en la galería de Funglode, lo demuestra, partiendo de la poesía de Maryse Condé, reuniendo dibujos –en su mayoría– y grabados de 16 artistas dominicanos, tan motivados por la propuesta como de expresión distinta en estilos e ilustración de otra escritura…
De Maryse Condé y seguidores. Maryse Condé es tal vez la más importante personalidad femenina y feminista, simbiosis de Guadalupe y de Francia, recién laureada (después de muchos galardones) Premio Nobel “alternativo” de Literatura, ¡la primera y quizás la última cuando se restablezca la tradición sueca!
Brillante profesora universitaria, aplaudida novelista, reconocida poeta, se ha comprometido siempre con sus orígenes de mujer negra y de estirpe africana, pero sin estrechez agresiva. ¿No dijo aquellas palabras célebres: “La lengua en la que escribo no es ni francés ni “créole”, yo escribo en Maryse Condé”?
Delia Blanco, cuya pasión por la literatura y la poesía del Caribe apreciamos –es una traductora emérita de Pedro Mir– venera a Maryse Condé. Ella solicitó a varios artistas dominicanos, expertos en el manejo de la línea, que ilustraran frases escogidas de la escritora antillana y/o que se inspiraran en sus escritos, si los habían leído. Debían ser obras sobre papel, dibujos o gráfica, de dimensiones señaladas, la técnica podía ser mixta.
Esta experiencia, más allá de un experimento, tendrá continuación. A quienes realizaron una obra, Delia Blanco pidió otra, y, en un futuro cercano, se publicará un volumen contentivo de ambas escrituras, la de Maryse Condé y la de sus intérpretes dominicanos.
Ilustrar e interpretar. Cuando se pronuncia la palabra “ilustración”, estúpidamente tiene para los ignorantes una connotación de género menor. Basta con mirar esta muestra para percatarse de cuánta creatividad puede constar la versión visual de un texto. Luego, prácticamente los más grandes de la plástica fueron ilustradores –Picasso, Dalí (lo vimos …), Matisse, Diego Rivera, Botero, etc…– , y sus imágenes, por ejemplo las de Picasso, llegaron hasta exposiciones “monográficas”. Ahora bien, para ser un buen ilustrador hay que ser un buen lector y llevar a la creación propia el lenguaje de las palabras.
En el caso de los dos creadores, uno escritor, el otro artista plástico, la afinidad significa una auténtica correspondencia. Esta se aloja más en la idea y el tema expresados que en la forma pura, aunque podríamos encontrar en gestos de la mano, ritmos del verso.
En varias de las obras expuestas, “leemos” esta afinidad, pero se presta una mayor atención a la consistencia, el acabado y la calidad del dibujo que a su fuente literaria. Alta sensibilidad, inagotable fantasía, dominio de los medios, caracterizan a las obras. Respecto a una correspondencia interactiva, los conocimientos literarios de la curadora, “ilustrarán” próximamente, en una conversación, a sus oyentes.
Una calidad conjunta de la muestra reside en la diversidad iconográfica, identificando el sello inconfundible de ciertos autores, que al mismo tiempo se reinventan en cada cuadro, transmiten el mensaje de la escritora o priorizan su huella personal. De otros, contemplamos cualidades intrínsecas, ya que aquí se nos revela a varios expositores, y que también los hay indiferentes a la inspiración literaria… lo que no quiere decir una ausencia de poética visual.
Delia Blanco entregó a cada artista una frase de Maryse Condé –cuyas frases en sí son célebres–. No obstante, desde un enfoque directo, la fuente pierde importancia o podría apartarse de lo esencial.
Según lo señalamos, los formatos son prácticamente iguales, cada dibujo está construido, cada espacio se llena de equilibrio hasta en la asimetría, cada expresión figurativa o abstracta, técnica mixta o signos gráficos, se ha preocupado por el acabado y la atmósfera, con texturas, trazos, pinceladas, collage aun, y las hojas capturaron la luz.
Cada ilustración es diferente –aun en el caso de dos por un mismo autor–. Obviamente, se trata de una interpretación, de la transferencia muy propia, exterior, interior y estética, del modelo literario; en fin, dos lenguajes. No hay una ilustración válida sin que esa sea una interpretación, una búsqueda, una reflexión. No puede ser una reproducción cual una lámina de anatomía… Los expositores así lo manifiestan.
Imposible es citar y comentar cada obra: las visitas guiadas se encargan de esta tarea. Sin embargo, no faltan obras que llaman inmediatamente la atención: las abstracciones sustanciosas de Ezequiel Taveras, la complejidad refinada de Inés Tolentino, la gestualidad controlada de Iris Pérez, la anatomía excepcional de Amable Sterling, la gráfica inconfundible de Leonardo Durán, el estallido luminoso de Mirna Ledesma, la curiosa “autodefensa” de Joan Jimenes, o el impacto cromático-formal de Moses Ros. Son, pues, muchas… y más.
En fin, el homenaje es a Maryse Condé y al arte dominicano.