Die Frau Ohne Schatten

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POR MARIVELL CONTRERAS
Pienso que no fue casualidad, si no a causa de mi curiosidad que terminé disfrutando tranquilamente y a ningún precio de la escenificación de una opera en el Teatro Real de Madrid.

Estaba paseándome por la Plaza de la Opera cuando me enseñaron la fachada del teatro y a pesar de la cantidad de gente que estaba reunida en su lobby nos acercamos a preguntar por el programa y por la función de esa noche.

Los porteros amables y vestidos como botones de hotel nos preguntaron si queríamos entrar, por supuesto que sí. Casi inmediatamente nos pasaron a una amiga, amiga de una amiga y a mí dos boletas. ¿No tienen más? Tenemos una más, así que la amiga de mi amiga y mi amiga prefirieron quedarse en una tapería cercana y la recién conocida y yo a la sexta planta del majestuoso Teatro Real.

Estaba muy emocionada, recuerdo. Tanto que la obra que presentaban Die Frau Ohne Schatten (La mujer sin sombra) de Richard Strauss hizo estragos en mi emoción.

De hecho, me preguntaba por qué me tocaba ver una obra con la temática femenina enfrentada a sus sentimientos y a su esposo y no pude hacer otra cosa que convencerme que porque me tocaba.

Así es que estaba ahí sentada siendo asaltada por las voces de Alan Titus (Barak) y Luana DeVol (la mujer de Barak), los demás personajes y los coros de niños de la Comunidad de Madrid, el coro y Orquesta Sinfónica de Madrid.

No recuerdo que en el país se haya presentado la ópera 65 de Strauss, pero sé que había oído algunas de sus hermosas melodías. Lo que no conocía era el texto de Hugo Von

Realidad, ficción, verdad y desilusión en este trabajo musical y literario que cuenta la historia de una mujer que decide confesar a su marido la aridez de su alma para él y el desliz que cometió en su ausencia.

Ha vendido su sombra y por tanto ya no podrá engendrar hijos. Su sombra la tiene vendida a la nodriza para la hija de Keikobad, esposa del emperador que viniendo de otro mundo ha perdido la perspectiva del suyo.

Ante la disyuntiva de quién debe convertirse o no en piedra. Concluyen los tres actos de La Mujer sin Sombra en una gran manifestación de gloria con todos vivos, niños renacidos y sombras restituidas.

Magnifica dirección musical de Pinchas Steinberg, la escena de Ennosuke Ichikawa, de la figurista Tomio Mohri, el iluminador Sumio Yoshii y los directores del coro Jordi Casas Bayer y José de Felipe.

Una espectacular combinación del teatro clásico español con el teatro fantástico del oriente que nos conecto con el ayer y el hoy bajo una noche de ópera maravillosa. Estaba en Madrid y hacía frío afuera. Dentro mi alma rebozaba felicidad. Más tarde me enteré de que la magia había sido posible porque estaba en un ensayo general con público. El estreno oficial sería tres días después…