Dificultades en nexos con Haití

 Nadie puede negarles a los haitianos el derecho a poner reglas sobre el comercio con República Dominicana para estimular su  propia producción y generar nuevos negocios. El florecimiento de la vecina nación, con la creación de  más oportunidades de empleos, serviría para contener la migración  irregular hacia el país que ocasiona problemas. Sí  preocuparía  que se pierdan de vista  las ventajas que devienen de  compartir una misma isla, con gran potencial para que ambas naciones  se complementen  obteniendo el  mayor provecho posible  a sus respectivas  condiciones de productores y consumidores.

En lo que no deberían incurrir ni Haití ni República Dominicana es en violar las reglas universalmente aceptadas  y convenidas en el marco de la Organización Mundial de Comercio; y en eso, el vecino Estado ha sido reincidente al bloquear exportaciones dominicanas. La opción para que una relación bilateral sea satisfactoria por su transparencia y equilibrio es  pactar insularmente con atención a las necesidades y aspiraciones legítimas de las dos naciones. El paso inmediato debería ser  el que los gobiernos de Puerto Príncipe y Santo Domingo emprendan negociaciones serenas y continuas hasta dejar listo para  firma  un  convenio regulador de cada renglón comercial. Discusión que dé oportunidad a las partes  para crear unas reglas del juego basadas en el consenso y con garantías de permanencia.

SANGRE SOBRE EL PAVIMENTO

¡NO! Definitivamente ningún chofer o dirigente de gremios de transporte debe morir a manos de agentes del orden en medio de confusas riñas  y ánimos soliviantados, como acaba de ocurrir en la llamada “Esquina Caliente” de Herrera. Cualquier exceso de individuos investidos de autoridad debe ser objeto de investigación para establecer responsabilidades y luego aplicar castigo.

 Lo cierto es que por encima de ese trágico hecho, el país necesita orden en el discurrir del tránsito. El mayor caos de esta sociedad tiene que ver con el uso de  vehículos. Con el irrespeto a la ley y  a sus guardianes. Un desmadre  que ha dado pie a una epidemia de accidentes constituida en una de las principales causas de muertes. La impunidad ha  generado   una cultura de irrespeto total en la que participa  continuamente mucha  gente que va al volante. Los gremios hablan mucho de derechos y siempre olvidan sus deberes.