¡Díganselo!

Los pueblos actúan con mayor inteligencia de la que le presumen sus élites. Y los dominicanos expresamos esa sapiencia distante de la rigurosidad intelectual, pero con una profundidad siempre cercana al acierto. De ahí, lo errático que lucen todos aquellos políticos seducidos por la idea de creer posible la transformación de esos criterios registrados en la conciencia de los ciudadanos, y difícilmente borrados por la fuerza de la manipulación.

Al final de la jornada, la verdad prevalece. Pueden engañarte un día, meses y hasta años. Ahora bien, los acontecimientos se imponen sobre la mentira y sus promotores.

Después de las elecciones del 2012, el país sabe perfectamente los resortes de poder movilizados para favorecer a un triste exponente de la clase política. Jueces, sentencias, maniobras y un amplio andamiaje comunicacional intentando levantar posibilidades presidenciales. Antes, la esencia incidental hizo de la campaña electoral terreno fértil para la sedición, donde no subirse a la patana retrató el espíritu conspirativo.

Todas las encuestas coinciden: no hay forma de rebasar el 4%. Lo dramático consiste en reflexionar sobre 75 años de historia, luchas y sacrificios reducidos por un aspirante sin empatía, desprovisto de conexión con los sectores populares, sin brillo intelectual y degradando la competencia política al esquema de un partido chiquito para hacer un negocio grande.

Ahora, cercado por la realidad quiere un ¡dímelo!.

Y yo, paso balance al memorial de iniquidades. Colocar frente al aparato organizacional a incondicionales, imponer candidatos congresuales y municipales, un préstamo ominoso, obstruir el triunfo desde el partido, expulsar a disidentes, falsear un proceso convencional y manejar los recursos partidarios sin transparencia. Si todavía no entiende su insignificante apoyo en la sociedad, díganselo.

Lo racional e inteligente es actuar con sensatez.

Lamentablemente, mantener una aspiración sin posibilidades reales constituye una necedad. El riesgo de perder la personería jurídica debe colocar a todos los perredeístas frente al dilema de competir pura y simplemente, o trabajar en la conformación de un amplio frente opositor.

El PRD con sentido de la historia nos obliga a una actuación digna. Lo único atractivo que tenemos es la casilla 1. De ahí, la importancia de darle un carácter orgánico a la boleta, posibilitando usarla en favor del aspirante presidencial capaz de aglutinar amplios niveles de simpatías en el espectro opositor.

Existe tanto convencimiento en las dificultades de una boleta encabezada por los administradores de las siglas que comienza el desplazamiento de diputados, alcaldes y potenciales aspirantes hacia otros litorales, debido a la escasa garantías de victoria, si se mantienen asociados a una propuesta derrotada antes de abrir las urnas.

Falta un año para las elecciones generales. Las cifras están claras y no existe ninguna posibilidad de revivir el producto PRD, si los actuales administradores de la organización prevalecen. El sentimiento partidario se mantiene en el corazón de la gente, pero lo aterrador y abominable es el nivel de cuestionamiento ético alrededor del rostro que gobierna la organización.

Antes que una próxima encuesta nos castigue con un aspirante que no rebasa el 4% y alcanza un 85% de rechazo: ¡Díganselo!