Dignidad nacional en harapos

Cuando el 19 de este mes el Ministerio de Cultura formalizó el premio Pedro Henríquez Ureña al periodista y escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, la dignidad nacional, que desde hace un buen tiempo desgarra su dignidad, quedó en ostensible harapos.
El Premio Nobel de Literatura, notable escritor a quien nunca he podido leer más de dos páginas de sus afamadas obras porque no las digiero, como no digiero La Montaña Mágica de Thomas Mann o El discurso del Método de Renato Descartes, sin restarle sus grandes méritos, acusó a nuestro país de xenófobo, racista, negador de los derechos humanos, no obstante permitimos más de dos millones de indocumentados haitianos, que sus dos países, Perú y España, no permiten.
Mario Vargas Llosa, sabido por todos, es un representante de la ultraderecha política y en consecuencia, un político frustrado vencido en elecciones por Alberto Fujimori, que incurrió en actos proditorios, cierto, pero no menos cierto, erradicó el terrorismo de Sendero Luminoso y vigorizó, hasta hoy, la economía peruana, y esos logros entrañan costos políticos no siempre debidamente ponderados.
El Gobierno del presidente Danilo Medina debió anular ese rondé erotique antinacional a Vargas Llosa y rechazar denostar a nuestro país sin fundamentos, y al obtemperar a esa coyuntura, nuestra maltrecha dignidad nacional queda en harapos.
La voz responsable y patriótica del historiador, articulista, letrado y dirigente del PLD doctor Euclides Gutiérrez Félix, expresada en su entrega a El Nacional del 19 de este mes intitulada “¡Fuera de aquí!”, transportó mi memoria al histórico editorial de ese diario firmado por su entonces director, doctor Freddy Gatón Arce, cuando se produjo el abominable asesinato del periodista Orlando Martínez el 16-03-l975 intitulado: “¡Alto, tenéos, miserables!”.
¡Aún sobrevive la patria dominicana, aunque en harapos!