Dilema cuántico: La ciencia ante un callejón sin salida

POR ROBERTO CASADO HUGHES
Lo negro es feo y malo. Lo blanco es bello y bueno; raciales prejuicios. Lucifer moreno y diablo, los otros ángeles, blancos, buenos y bellos. Maniquea y simplista homologación, bíblica por demás.

Nadie sospecha del bello perfil, lo feo y haraposo se reputa culpable, como si el aspecto superficial fuera esencia y como si la maldad, el vicio, el crimen y el horror no cupieran en los maravillosos palacios y templos, bajo de togas y sotanas brillantes y las virtudes de las gentes comunes estuvieran divorciadas.

Vivimos pautados por poderosos apartheids mentales, con esquemas del bien y del mal preconcebidos, como si estos de antemano vinieran repartidos y no se mezclaran en artimañosas e ilegítimas estrategias injustas y en conspiraciones no santas.

De este modo a los curas por serlo y jesuitas más, por Cristo, (un partido político más de base eclesial católica) les dejamos hacer las explosivas químicas que multitudinariamente vienen asentando en todo el territorio dominicano, bajo el pretexto de los derechos humanos, los que a los dominicanos se les despoja en doble cuantía que a sus protegidos.

Actitud política dura de su parte, no en interés real de los infelices haitianos pobres, sino de la conversión de esta parte de la isla primero, en un enclave de mano de obra esclava y colonial a la que se están destinando los pobres y las fuerzas laborales y productivas de ambos pueblos, en la primera etapa de la conversión de la isla en una gran factoría para el atropello común, que nos conducirá a atropellarnos mutuamente, balcanizando todas nuestras tierras o a caer sometidos los unos y los otros bajo los cascos azules de la ONU u otro invento; consumando para lo eterno la común inviabilidad y el modelo de dominación global que aquí nace, oficializado ya por el TLC.

En las ciencias un problema mal planteado no aporta solución. En la política sucede igual, pero produce socialmente nuevas vainas con repercusiones internacionales que las acentúan. La cuestión de la inmigración masiva haitiana hacia República Dominicana vista con las herramientas ideológicas con las que se intenta prevenir, es desastrosa para el pueblo dominicano en primer lugar y acabará en tragedia pronto. Se están atizando los hornos del infierno y victimas seremos los dos pueblos, lo que pudiera evitarse con otros criterios de supervivencia y lucha que pudieran conjurarlos. Un grave obstáculo que promueve esta tendencia, es que la elite económica y política de Haití establecida en República Dominicana, tiene sumo interés en explotar a su pueblo aquí junto a los dominicanos pobres y a los recursos e infraestructuras nacionales, en complicidad con sus coincidentes intereses coloniales locales, estaduales y particulares.

Su inteligencia aprovecha la pasión nacionalista para en la ceguera de esta enredarle los pies, al verla errar en la formulación de la ecuación que se ha de reformular con criterios revolucionarios. De lo contrario continuaremos hacia el desbarrancadero erigiendo ídolos a las desgracias humanas de ambas naciones, habidas y por venir, como es el caso de la señora Sonia Pie -dominicana o haitiana, ameritándola de reina negra y mártir en un juego de ajedrez complicado, de la que sólo es peón, el último peón del tablero.

A beneficio de los pueblos de ambas naciones, sugiero abordar la cuestión desde el sentido de la justicia, en la retrospectiva histórica de sus co-responsables, y en la perspectiva que desde nuestra actualidad puede dársele al conflicto y a la convivencia anticolonial de ambos pueblos. Si existe la globalización económica que expolia las riquezas de cada pueblo para acopiarla en un solo centro o en varios, desde ellos debe partir el peso de la solución de la problemática de la vida y el desarrollo en la nación haitiana.

Pero, lo anterior necesita de un eje de lucha y soberanía domínico-haitiana que hay que poner en la agenda por la democracia de los progresistas de ambos países, lo cual sin resultados intentamos, bloqueados por intereses económicos y políticos establecidos.