Dinero y elecciones

ROBERTO VICTORIA B.
El PRD anda siempre a la caza de demonios. Lo malo es que cuando no los hay, se los inventa en un abrir y cerrar de ojos. Resulta que ahora la reelección es perniciosa por que le otorga recursos limitados al Ejecutivo. Es que son de memoria tan mala que se les olvida que su Hipólito Mejía manejó todos los recursos del mundo y sufrió una paliza electoral histórica.

Aunque todas las campañas electorales cuestan plata, el dinero no es todo en política.

Si así fuera, Carlos Slim fuera el presidente mexicano, Gustavo Cisneros el de Venezuela y Bill Gates el norteamericano.

Para el votante promedio, no importa si es dominicano, europeo, asiático, africano o norteamericano; lo que prima es quién es el candidato, cuán fiable es.

Hay un trabajo de Steven Levitt, autor del best-seller Freaknomics, sobre la influencia del dinero en los resultados electorales.

El estudio abarca miles de elecciones congresuales en los Estados Unidos desde el 1972, y se llega a la conclusión de que el dinero que un candidato pueda gastar en una campaña realmente poco tiene que ver con los resultados. Dice Levitt que si un candidato que va delante reduce sus gastos en la mitad, apenas perderá un 1% de los votos.

Muchos son los ejemplos de aquellos que han gastado cuantiosas fortunas tratando de obtener una posición política y cero han sido su resultado. Tomemos uno que yo conozco bien de cuando seguía de cerca la política de Nueva York: Tom Galisano, multimillonario del Internet (fundador de Paychex, el segundo procesador de nóminas en Estados Unidos).

Al señor Galisano se le ocurrió que podía ser gobernador del Estado de Nueva York y fue candidato en tres ocasiones: en el 1994, 1998 y 2002. Las tres veces perdió y de su propio dinero gastó un total de 93 millones de dólares y la votación más alta de esas tres elecciones fue apenas un 14%.

Estas son las cosas que preocupan al PRD. Tienen un candidato gris, de discurso insípido, carente del hondura intelectual, que no conecta con el hombre de a pie, mientras en la otra esquina tienen como contendiente a un estadista sagaz que sabe identificarse con el mortal común, y que boyante en talentos y ejecutorias mantiene su invicto en las lides electorales.

De ahí el afán del PRD en perseguir malos espíritus.