Disquisiciones sobre la globalización

POR IVAN ERNESTO GATON
El término globalización, que de forma inusitada ha impregnado el debate político, económico y cultural del mundo, tiene diversas acepciones, una de ellas, la más aceptada, indica que este es un proceso de internacionalización de la política, las relaciones económicas, financieras y el comercio.

A través de este proceso, visto por muchos como la última fase del capitalismo, se ha permitido el intercambio de bienes, servicios y el flujo de riqueza a lugares donde jamás habría arribado con barreras arancelarias y fronteras.

La palabra globalización procede de la correspondiente inglesa globalization. Aunque esta se incorporó por primera vez a un diccionario, en los Estados Unidos de América, en 1961, su uso tomó auge en los años 90, especialmente después de la desaparición del bloque socialista soviético. Es de rigor aclarar que el término mundialización, derivado del francés “mondialisation”, se refiere a los aspectos cualitativos del ser humano, la calidad de vida, el sentido solidario, el enfoque cooperativo entre la gente, el mundo como hogar, en conclusión: visión de una sociedad planetaria.

Algunos intelectuales afirman que la globalización o “planetarización” es la última etapa de un proceso que comenzó con la conquista del continente americano y el desarrollo de las navegaciones alrededor del mundo. Otros estudiosos del tema difieren de la precedente explicación, que ubica el origen de la globalización en épocas lejanas, porque el abordamiento del tema tiene un carácter fundamentalmente económico, soslayando los aspectos políticos y culturales, especialmente su vinculación con la comunicación.

Lo cierto es que la historia humana ha tenido muchos sistemas globales (el imperio romano, el árabe, o cualquiera de las antiguas y grandes civilizaciones), pero nunca existió una economía de mercado a un alcance mundial, con sofisticados medios de comunicación y transporte, que nos han hecho tomar conciencia de la globalidad.

La globalización neoliberal vigente que ha afectado la organización social, las formas de vida y la identidad de los pueblos, es denominada por algunos como la versión más abyecta del imperialismo y el colonialismo, caracterizándose por su lógica autónoma, que no es la del conjunto de la sociedad, sino la del beneficio restringido a unos pocos, donde las chillonas desigualdades son un espejo del hiper egoísmo de los más acaudalados, por ejemplo: un 20% de la humanidad posee el 80% de las riquezas del planeta y en el discurrir de 3,5 segundos el hambre mata una persona ( 25, 000 personas por día), mientras se desperdician 12 toneladas de alimentos cada 5 segundos.

La sensatez, que eleva al homo sapiens por encima de los instintos, nos llama a luchar por una globalización que tome en cuenta el destino común de los seres humanos, permitiendo unificar el planeta, expandiendo de forma equitativa la economía mercantil, la ciencia, la técnica y la industria.

De no surgir cambios en la dirección anteriormente indicada, fenómenos como el integrismo, fundamentalismo y nacionalismo, seguirán tomando formas complejas y diversas que no nos permitirán salir de la aporía que representa el angustiante presente y la pérdida de fe en un futuro, que se avizora incierto, tanto para los globalizadores, como para los globalizados.