Doctor Pedro Green y caos vehicular

El doctor Pedro N. Green es en su intensa preocupación por el aumento pasmoso en los accidentes y/o muertes por accidentes de tránsito lo que el doctor Héctor Mateo es en su campaña laudable para enseñar a los dominicanos las bondades de ejercitarse cinco veces por semana media hora diaria.

Ambos prominentes galenos, a primera vista, el observador menos exigente aprecia de golpe un halo de filantropía, humanitarismo, solidaridad vibrante para con el prójimo, algo rarísimo en este mundo trepidante y materialista de hoy, idéntico a ciertas especies del reino animal y vegetal, en vías de extinción.

También ambos médicos ejercen la profesión de Galeno, Hipócrates y Paracelso, con densos rastros mesiánicos, tan diferentes a una inmensa mayoría que lo hacen con un mercantilismo deshumanizado.

El doctor Green nos viene enseñando con su paciencia de bonzo budista, que quizás aprendió cuando hubo de desempeñarse en su profesión y especializado en traumatología, como osteópata brillante que es, en la guerra de Vietnam prestando sus servicios médicos al Ejército de Estados Unidos estacionado allí desde la administración Kennedy, el imponderable JFK, del creciente peligroso problema, una pandemia más, de los accidentes de tránsito y sus causas.

En su última obra, puesta a circular el 22 de marzo reciente, intitulada accidentes de Tránsito, una epidemia en RD, nos reitera su medular preocupación en salvar vidas y rediseñar la ley 241 o de todas maneras, exigir su estricto cumplimiento.

El doctor Green, quien reside en Atlanta, Georgia, retirado por sus años, a que tiene derecho por su vasta colaboración y aporte a la ortopedia, en cuya especialidad es un portento por su dedicación e interés, basa su obra en un estudio realizado en 1993, hace ya once años, determina que el 82.6% de los accidentes de tránsito lo ocasionan conductores negligentes o temerarios, que en una década, han provocado 20,852 accidentes que a su vez produjeron 1,242 muertos.

Es una estadística temible, que ha debido concitar la consideración y un seminario profundo sobre el espeluznante tema, y que empero, ha sido tratado con la misma desaprensión por las autoridades con la que la inmensa mayoría de los conductores se comporta cuando se desplaza en un vehículo de motor, considerando que en el país hay poco más de un millón de vehículos de motor, más de 700 mil motocicletas, sin consignar los vehículos oficiales y exonerados que no figuran en la lista de la DGII.

Esa misma cantidad de vehículos sobrepuesta por ejemplo en el Estado norteamericano de Nueva York, digamos en la Gran Manzana, no reporta ni la mitad de los accidentes que ocurren allí, donde reside más de un millón de dominicanos, de los cuales más de trescientos mil tienen autorización por el departamento de Tránsito para conducir un vehículo de motor.

El porque los dominicanos son tan cautos en Nueva York para conducir un vehículo de motor como para lanzar desperdicios a las calles, podría empezar a desentrañar la clave para que la preocupación pendular del doctor Green empiece a producir resultados halagüeños, como es su medular pensamiento.

La campaña de concientización de Tránsito Terrestre que nunca se ha conformado, más el rigor en la aplicación de la ley 241, serían, es obvio, las herramientas que posibilitarían el cumplimiento del sueño de un dominicano egregio y un singular médico que ama a su sociedad y nunca le ha pasado por ese sentir laudable factura alguna.