Dolarizar la economía ¿para que?

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POR ARTURO MARTÍNEZ MOYA
Con motivo de la intervención del amigo y colega Víctor Canto, sugiriendo la completa dolarización de la economía, lo que levantó nuevamente el polvo de la sustitución del peso por el dólar, con permiso de mis lectores el espacio de esta semana lo dedico a teorizar un poco sobre el tema. Aclaro que usaré términos que incluso para los llamados economistas profesionales resultan incomprensibles, me refiero a “dolarizar”, “saldos reales”, “déficit cuasi – fiscal”, “elasticidad de sustitución de monedas”, entre otras bellezas.

Como los demás economistas, los uso para que los lectores crean que soy inteligente, pero que va, estoy también en el grupo, son terminologías que dicen mucho y al mismo tiempo nada dicen; sólo espero usarlos de manera que sea algo digerible.

 Primero, los que en República Dominicana defienden dolarizar la economía no explican qué tiene que ver el peso propiamente dicho con el problema del déficit cuasi-fiscal del Banco Central, con la política comercial que desestimula las exportaciones e incentiva las importaciones de vehículos, de bienes duraderos y de cualquier cosa, con el déficit fiscal, y no lo hacen porque saben muy bien que nada o muy poco, que son problemas creados por la política económica y no por la existencia de un peso en lugar de un dólar circulando libremente. Los argumentos andan por otra dirección, por ejemplo, que China, el país líder de los comunistas, está dolarizada y los dominicanos, que somos o queremos ser capitalistas, no queremos dolarizar, que en Centroamérica dos o tres países están dolarizados y que nosotros estamos perdiendo el tiempo, con un peso que nadie quiere en presencia de un dólar que se ama.

También que para competir internacionalmente hay que hacerlo con el dólar y no con el peso, y como el gobierno no dá señales de querer resolver el problema del endeudamiento excesivo del Banco Central, que en definitiva es su deuda, la dolarización es la solución definitiva y rápida. Como el déficit cuasi fiscal del Banco Central es una amenaza para el bienestar de los pobres y de los muy pobres, porque tarde o temprano el pueblo deberá pagar más impuestos, la dolarización es una necesidad. También se pregunta, ¿para qué tener pesos en circulación, cuando los precios se expresan en dólares? Repito, son algunas de las afirmaciones que se leen a diario en la prensa nacional, hechas por economistas, empresarios, políticos y todo el que quiere opinar y repetir cosas que están de moda en otros países.

El amigo Víctor Canto, quién reside y trabaja como profesor e investigador en universidades prestigiosas de los Estados Unidos, y que desde siempre pasa sus vacaciones en el país,  surigió que como mecanismo práctico para dolarizar la economía, debería permitirse la apertura y uso de cuentas corrientes en dólares en la banca nacional. No lo dijo pero se infiere, en el Banco Central el “clering” diario se haría debitando y acreditando cuentas en dólares de los bancos, y estos haciendo lo mismo con los clientes. Las cuentas corrientes en pesos irían desapareciendo a medida que el peso se deteriore, el Banco Central no haría nuevas emisiones de pesos, la base monetaria iría desapareciendo para ser sustituída por una base en dólares. Su argumento tiene un supuesto implícito, que no se producirá recesión económica por la falta de pesos, que el mercado de dólares de manera automática daría respuesta a la falta de circulante, que el empresario traería sus dólares del exterior para llenar el vacío, tendría un incentivo para hacerlo, no permitir un deterioro de sus ventas. Se trata de un supuesto discutible, muy discutible, que no discuto por razones de espacio, y del que depende su tésis de dolarizar con éxito la economía.

El amigo Canto tiene razón, desde que a las autoridades monetarias se les ocurra permitir la apertura y uso de cuentas corrientes en dólares en la banca dominicana, se estaría dando el paso final para sellar la dolarización de la economía en las transacciones diarias, con rapidez el peso sería sustituído por el dólar, por aquello de que la moneda fuerte desplaza la débil. Cuando estudiosos de la teoría de sustitución de monedas, como es el caso del doctor Canto, quién junto a Calvo, Rodríguez, Ortíz, Ramírez Rojas, Melvin, Cuddington, es de los economistas de América Latina que han hecho investigaciones sobre el tema y han estimado la elasticidad de sustitución de las monedas, insisten en que se permita el uso de cuentas corrientes en la banca criolla, lo hacen a sabiendas de que una cosa es la sustitución de activos denominados en pesos, por activos expresados en dólares, es decir de inversiones en pesos por inversiones en dólares, y otra bien diferente es la sustitución del peso por el dólar para fines de transacción. Están muy conscientes que son dos cosas bien diferentes, y en el caso dominicano lo que se observa hasta el momento es lo primero y no lo segundo. Me explico.

¿Por qué la sugerencia del doctor Canto? No lo dijo, pero se debe a que observó  que, no obstante los acuerdos con el FMI, se supone tienen como beneficio el aumento de la confianza del inversionista, en República Dominicana en los últimos tiempos se ha producido un aumento sostenido en la relación depósitos en dólares en la banca criolla, en forma de certificados de inversión, y agregado monetario ampliado denominado en pesos. Me refiero a la cantidad de billetes y monedas circulando en la economía, más depósitos en cuentas corrientes y a plazos. El economista de referencia ve que se trata de un proceso irreversible, y piensa que bueno que sea así, no oculta su satisfacción, desde que lo conozco profesionalmente, cuando trabajamos juntos en el Banco Central, como economistas en el Departamento de Estudios Económicos y propiciaba la dolarización, de modo que se trata de un profesional coherente. El gobierno y las autoridades monetarias no tienen escapatoria, tarde o temprano, y mejor que sea temprano, deberán dar el paso final para que la sustitución no sea sólo en cuanto a la composición de carteras (inversiones en dólares), para que también cubra la demanda de saldos reales, para que la demanda en dólares supere cada vez más la demanda de saldos reales en pesos, lo que dicho en buen dominicano significa que, en sus transacciones diarias, los dominicanos exijan la entrega de dólares físicos y no pesos cuando compren y vendan algo en el mercado.

El amigo Canto quiere empujar la situación, que de manera oficial se termine con el juego de la doble moneda, lo que no han decidido los agentes económicos que lo decidan, gobierno y las autoridades monetarias. Pienso diferente, si se hacen estudios rigurosos de otros aspectos fundamentales, probablemente la conclusión sería diferente, que los dominicanos quieren operar con dos monedas, el peso para las transacciones diarias y el dólar para las inversiones. A lo anterior se llega estudiando el grado de utilidad que tiene para el dominicano el peso por un lado y el dólar por el otro. No obstante ser rigurosamente cierto que en el mercado dominicano los precios se cotizan en dólares, queda claro que la demanda interna de pesos ha sido bastante estable. Si se quieren evidencias ahí están los depósitos de particulares en el Banco Central y el déficit cuasi fiscal que aumentan todos los meses. En la economía dominicana, cualquier análisis econométrico que se haga, y sin importar el modelo que se use de los tres que acostumbra la literatura (el de la utilidad del dinero para el consumidor; el del costo de transacción y el papel del dinero, o el del dinero considerado como cualquier otro activo), arroja que el saldo reales en pesos y en dólares se ha mantenido alrededor de 60 y 40 por ciento respectivamente. Una evidencia de que la elasticidad de sustitución del peso por el dólar no es significativa, no es alta, que es menor de uno, es el hecho de que la demanda de pesos por parte del público no ha sido inestable en los últimos años, exceptuando el 2003 y 2004 por el problema creado por los bancos quebrados.

Es probable que el amigo Canto no haya hecho los cálculos para República Dominicana, de ahí su conclusion generalizada. Mi conclusión, sujeta a discusión, como tenemos una elasticidad de sustitución de peso por dólar que puede definirse como “inelástica”, de relativo poco valor absoluto, menor que uno, tiende a desmentir la premura de la necesidad de sustituir el peso como moneda de circulación; lo anterior lo combino con otra realidad,  una demanda de pesos que evidencia algo concreto, la moneda no ha perdido utilidad para el consumidor dominicano, y que la dolarización en la economía se ha evidenciado en los depósitos a plazo fijo en la banca nacional. Frente a esas evidencias, la conclusión no puede ser otra: los dominicanos estamos en presencia de un clásico ejemplo de sustitución de activos y no de una sustitución de monedas, como erróneamente afirman algunos. En otras palabras, las evidencias apuntan a que los dominicanos quieren el peso para transar diariamente.

Mi amigo Canto

Mi amigo el doctor Canto podría decir que mis comentarios tienen una contradicción teórica. Een apariencia podría ser cierto, sin embargo no es así,  más bien ponen en claro la incoherencia de la actual política cambiaria, y me explico, si lo que tenemos es una sustitución de depósitos (de activos) y no de moneda propiamente dicha, razón por la que concluí no hay urgencia ni necesidad para hablar de sustitución de peso por el dólar, en el mercado cambiario debería existir un sistema flexible, pero como sabemos, y a pesar de que hay compromisos con el FMI de flexibilizar y transparentizar las operaciones del mercado cambiario, las autoridades monetarias no lo han permitido, y por razones ajenas a la economía han preferido mantener un peso sobrevaluado.

Es decir, mis comentarios más arriba refuerzan el argumento de que en la economía debería existir una política de cambio flexible, sin el administro diario del Banco Central.  Tal política es coherente con lo que se observa, con el mensaje que envían consumidores e inversionistas, de que se ha producido una sustitución de activos y no de monedas.

En lugar de preocuparnos en sustituir el peso por el dólar, que según las evidencias por ahora no lo quiere el consumidor dominicano, lo que debemos hacer es mejorar la política comercial, despenalizar las exportaciones, para que hablemos de una política de empleo y de crecimiento para el largo plazo.

El problema del Banco Central debe resolverlo el dueño de la entidad, el gobierno, no hay escapatoria, deberá penalizar al consumidor con nuevas cargas, con un cinco por ciento del PIB, para entregarlo al Banco Central, y de ese modo iniciar el proceso de solución del problema. Como tendrá una mayoría mecánica en el Congreso Nacional, para el gobierno se acabaron las excusas.