Dolor y lágrimas en vuelta a clase en Virginia Tech

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Washington (EFE).- Mucho dolor, impresionantes minutos de silencio y 32 campanadas en memoria de las víctimas de la peor matanza de la historia estudiantil de EE.UU. marcaron ayer el regreso a clase de los alumnos de la Universidad Politécnica de Virginia.

Aunque las autoridades no saben aún cuantos estudiantes decidirán terminar este curso académico, ayer, una semana después de la tragedia, fueron miles los alumnos que regresaron al campus para rendir tributo a sus compañeros y profesores fallecidos.

Justo una semana antes, Cho Seung-Hui, un estudiante coreano de 23 años, decidió cambiar con dos pistolas semiautomáticas, probablemente para siempre, el ritmo tranquilo de la vida en esta Universidad del sur del estado de Virginia y mató a 32 personas antes de suicidarse.  Las solemnes conmemoraciones de esta matanza comenzaron ayer muy pronto. El primer minuto de silencio se guardó a las 7.10 de la mañana en el edificio del dormitorio en el que Cho se cobró sus dos primeras víctimas: Ryan Clark y Emily Hilscher.

Algo más de dos horas después, la gran concentración se llevó a cabo en el campus central de la Universidad, donde los estudiantes han colocado en esta semana miles de recuerdos, flores, velas y escritos en recuerdo de las víctimas.

Entre los objetos, alguien puso una bandera de Perú y otra de Israel en memoria de dos de las víctimas, el estudiante peruano Daniel Pérez Cuevas y el profesor Liviu Librescu, quien, según testigos, bloqueó con su cuerpo la entrada a su clase del agresor y salvó la vida de varios de sus alumnos, aunque perdió la propia. La mañana de ayerfue brillante, soleada y cálida, lo que contribuyó a que el acto fuera aún más solemne.

Los estudiantes portaron 33 banderas blancas que representaban tanto a las víctimas como al agresor.  Una pequeña banda de música interpretó el himno “America the Beautiful” cerca del lugar donde se había instalado un semicírculo con 33 piedras en recuerdo de los fallecidos.

Junto a la piedra del agresor, alguien colocó una carta en la que se asegura que este joven “subestimó nuestra fuerza, coraje y compasión” y en la que se asegura que “rompiste nuestros corazones pero no nuestros espíritus”.

Este es el resumen de un convencimiento que impera en esta Universidad, decidida a superar el gran trauma.

“Tenemos que seguir adelante”, aseguran desde las página del “Collegiate Times”, el periódico universitario que ha jugado un papel fundamental tanto en la ayuda a los estudiantes como en la información en los momentos posteriores de la tragedia.

La consigna es clara: “Vamos Hokies¡¡”, que es el nombre con el que se denominan los estudiantes de esta Universidad.

Alumnos, familiares y profesores, escucharon hoy, en medio de un gran recogimiento, las 32 campanadas que resonaron en el aire. Una por cada una de las víctimas inocentes del estudiante enloquecido.

Terminada la letanía, -esta campana fue trasladada al campus para este menester desde la ciudad de Salem, en Virginia- los estudiantes lanzaron 32 globos blancos al cielo seguidos de otros mil de colores naranja y marrón, la enseña de la Universidad.

Muchos, todavía hoy, no podían contener las lágrimas y, en declaraciones a medios locales, aseguran que aún no saben si volverán a la Universidad o darán el curso por terminado ya, dos semanas antes de lo previsto.

Las autoridades universitarias permitirán a todo aquel que no quiera volver de inmediato a las clases repetir el semestre sin tener que pagar penalidad, o quedarse con las notas que tenía hasta el momento y darlo por superado.

Para los que decidan volver, la Universidad tiene preparada una batería de psicólogos que contribuirán a ayudarles a superar el trauma.

Se están poniendo en marcha igualmente imaginativas terapias, como la que ha llevado a la Cruz Roja a llevar a este campus decenas de perros amaestrados para ser especialmente cariñosos, que acompañarán a los estudiantes.

Se trata, en definitiva, de ofrecer calma y paz para evitar más episodios tristes como el vivido el fin de semana por la familia Soriano.

Su hijo Jeff, un estudiante de Virginia Tech que había sobrevivido a la tragedia, se mató en la carretera el viernes, poco antes de llegar a su casa, en Norfolk (Virginia).

Su padre, Enrique Soriano, asegura que su hijo es “la víctima número 33” de la tragedia.