Donald Reid Cabral

El doctor Donald Reid Cabral falleció ayer a los 83 años de edad. Muere, así, una figura muy controversial, que tuvo gravitación sobre la vida política dominicana durante medio siglo y a quien la historia habrá de juzgar de manera definitiva.

Fue miembro de una familia que se integró a los afanes por desarticular la tiranía de treintiun años que ejerció Rafael L. Trujillo, familia que aprovechó sus estrechos vínculos con segmentos de poder estadounidenses que adversaban al dictador dominicano.

Reid Cabral tuvo participación destacada en sucesos políticos muy controversiales. Esos sucesos le llevaron a ocupar altas posiciones de Estado, entre las cuales destaca la cabeza del Triunvirato, constituido tras el derrocamiento del gobierno constitucional del profesor Juan Bosch.

De esa época datan sus peores errores políticos, pues su ambición le llevó a querer presentar unas elecciones para hacerse del mando, excluyendo las figuras de Balaguer y Bosch, lo cual amañaba el proceso en todos los órdenes. El inicio de la revolución de abril de 1965, que precedió a la intervención militar de Estados Unidos, impidió ese fraude electoral.

Tras esos hechos, Reid Cabral hizo mutis por unos años, hasta que fue reclamado por Balaguer en distintas posiciones, y en 1986, el hábil gobernante usó a Reid Cabral para reorganizar el partido que le llevó al mando. El resto es de todos conocido.

Paz a los restos de Reid Cabral y nuestro pésame a su esposa Clara y a sus hijas Georgia y Clara.

Clave del éxito

Los países de mejor desempeño en términos de desarrollo tienen en común un  elemento: destinan a educación altas proporciones de sus ingresos generales. Esta realidad no admite excepciones, pues el logro del desarrollo está necesariamente determinado por la capacidad de transformar en bienes comercializables los recursos naturales.

Un país no se desarrolla únicamente por poseer muchos recursos, sino porque sus habitantes hayan adquirido la capacidad necesaria para administrar y transformar esos recursos. En cualquier caso, la capacidad para alcanzar el desarrollo solamente puede lograrse a través de la educación. Cuanto más se socialice este recurso, mayores serán los beneficios económicos y sociales.

El éxito particular alcanzado por Taiwán, Corea, Singapur y Japón, todos países asiáticos, ha consistido en que, en sus inicios, virtualmente se quitaron el pan de la boca para invertir en la capacitación de sus pueblos. En esas sociedades, la educación ha sido el recurso más socializado y a la vez excluido de entre los motivos de desigualdades sociales. En América también hay ejemplos de esta actitud desarrollista. Costa Rica ha logrado organizarse como Estado exitoso en el desempeño social y económico, garantizándole a su gente altos estándares de prestaciones sociales. La clave de su éxito ha sido invertir en educación un 6% de su presupuesto, con proyecciones de aumentarlo a un 8% en los próximos años.

No creemos que las autoridades dominicanas tienen que hacer actos de prestidigitación para encaminar el país hacia el desarrollo. La educación es la clave que debemos socializar mediante una fuerte inversión para expandir sus alcances y optimizar su calidad.