Donde Barack Obama gana y pierde

En uno de sus más recientes discursos, pronunciado en Washington, D. C. el 15 del presente mes de julio, el candidato presidencial por el Partido Demócrata a las elecciones de noviembre 20, Barack Obama, reiteró que de ser favorecido por sus paisanos al Solio Presidencial, concluirá la guerra con Iraq.

Los norteamericanos en sentido general están hastiados de las guerras con Iraq y Afganistán, que no representa peligro alguno para los Estados Unidos como país, pese a que Obama aludió que al ausentar 150 soldados en el primero, concentrará sus bríos para atacar a fondo a los talibanes que están incrustados en los intersticios de las tribus afganas, sobre todo en el norte con la frontera de Pakistán. Obama aludió que en realidad Iraq nadita tuvo que ver  con los ataques terroristas del 11-09-01 en Nueva York y Washington y alegó “que si se produce otro atentado sobre nuestro territorio, procederá probablemente de la misma región en la que se planearon los atentados”.

El presidente George Bush jr. no decidió la invasión a Iraq en marzo 2003 como una decisión solitaria ni inconsulta, sino que recibió el respaldo del Congreso y, sobre todo, del complejo militar industrial, ambos, los dos catetos inferiores del triángulo de poder en los Estados Unidos y el cateto de arriba lo representa el presidente, que es un títere de los otros dos. Las acusaciones de Bush jr. para justificar la invasión a Iraq, nexos con Al Qaeda, enriquecimiento de uranio, posesión de armas destructivas, se cayeron todas, porque el motivo básico de la invasión fue disponer del petróleo iraquí y asegurar una cabeza de playa para extenderlo a Irán, el mar Caspio y más arriba, Ukrania.

La anunciada decisión de  Obama revertir ese proceso en efecto, lo conducirá el poder, y lo realmente preocupante es cómo sabrá retenerlo y conservar su integridad física indemne ante la voracidad del stablishment o la influencia aplastante y decisiva del complejo militar-industrial.