¿Dónde estará el profesor Víctor Arias?

POR PASTOR VÁSQUEZ
 “Se marcha el hombre del pueblo, ya se marcha el maestro…” Víctor Manuel
Muchas veces me he hecho esta pregunta y no he encontrado a nadie que me dé una “razón” del paradero de este gran hombre, de este divino maestro, de este humilde poeta que ejerció la carrera de profesor para elevar a la familia en este recóndito pedazo del planeta.

Llegó un día de un lugar llamado Alta Mira –creo-, con sus barbas graciosas que le llegaban hasta las orejas y un libro peregrino que el mismo había escrito en los días de sus grandes sueños de escritor.

Luego anduvo por esos campos sembrando esperanzas y forjando el futuro de ésta, nuestra patria amada.

Tras un cuarto de siglo de duro trajinar, soportando el peso de la dura vida que llevan los maestros rurales en esta América querida de José Martí, que va desde el río Bravo del Norte hasta la Patagonia, se perdió en las brumas de un camino real y jamás supimos de él.

Se marchó el maestro, se marchó un poeta, digno hijo de Hostos. Y desde entonces me he preguntando dónde está él. ¿Cómo la estará pasando el poeta por esos mundos?

Me pregunto por él, como también me pregunto por mis inolvidables profesores de la escuela primaria: Ángela, Hilda, Ramón y otros que jamás he vuelto a ver, porque de los demás siempre me mantengo informado.

Este gran hombre de letras, de estos grandes que dan a la luz nuestras comunidades rurales, nunca fue exactamente mi profesor, pero fue mi maestro sin él saberlo. Cuando ya yo ingresaba a la secundaria, entonces él era funcionario de la educación regional y había abandonado las aulas. Luego vino un cambio de gobierno y con ese cambio vino una nueva injusticia y el profesor Arias quedó sin trabajo.

Más tarde se fue a vivir en las afueras del pueblo, más cerca de Santo Domingo, y allí –hombre inteligente- lo vi ejercer el oficio de la electrónica, y así vivió hasta que la desgracia tocó a la puerta de su casa.

Un día vinieron a avisarle que una camioneta había estropeado a una dama en el barrio y él, con esa entrega a la comunidad, salió a socorrer a la infortunada. !Oh paradoja de la vida! Era su esposa y ya era tarde.

Fue así como decidió marcharse con sus niños el profesor Arias, a quien la injusticia de este mundo lo había extrañado de las aulas por sus ideales políticos.

¿Dónde estará este gran poeta, este gran hombre de la sociedad dominicana?