Dos años de gobierno. Un balance, mi balance

Dos años de gobierno. Un balance, mi balance

Luis Abinader. (Foto: Archivo)

EL BALANCE
Pasan los años y el fatal balance
se impone ya a los más desprevenidos.
El tuvieron mi agudeza, mis sentidos?.

Es inútil que un modo siempre astuto
de mentirme despliegue sus sofismas
con la verdad al fin ya no discuto.

Mis ilusiones hoy no son las mismas.

¿Me queda la ilusión de ser yo mismo
quien vale más que el propio resultado?
La experience retorna al catecismo.
Mi ser es mi vivir acumulado.

Si se perdió un gran don, si no fue nada,
para consuelo crecerá el orgullo.
Una potencia así despilfarrada
favorece monólogo y murmullo.

El de veras humilde pone el peso
de su ser en su hacer: yo soy mi suma.
De pretensión a realidad regreso.
Pulso del oleaje esfuma espuma
Jorge Guillén

El próximo 16 de agosto el presidente Luis Abinader cumplirá dos años en el poder, la mitad del período constitucional para el que fue electo. Un momento oportuno para poner en la balanza todo lo acontecido en estos 24 meses.

En un artículo que publiqué justo hace dos años, decía que el Partido Revolucionario Moderno no había ganado, sino que el Partido de la Liberación Dominicana había perdido. El primero, aunque venía de una tradición, era una organización virgen que necesitaba probarse en el Gobierno. El segundo era un organismo dividido, cuestionado y desgastado. Como ocurre en los procesos electorales, el pueblo premia y castiga según sus sentimientos y percepciones. El votante habló: castigó al PLD y le dio la oportunidad a una nueva-vieja organización.

El Gobierno inició en condiciones muy especiales: la pandemia en su peor momento; altas expectativas por la decepción de los últimos años del Gobierno encabezado por Danilo; y un hálito de esperanza después de la terrible experiencia de las fracasadas elecciones congresuales y municipales de febrero del año 2020.

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El presidente de la República se ha ganado a la opinión pública, nacional como internacional, por sus discursos en contra de la corrupción, por su deseo de producir los cambios estructurales esperados. Los inicios, a pesar de su liderazgo, fueron difíciles. Para muestra un botón: el caso de la ministra de la Juventud, que se vio obligada a renunciar a su cargo por las denuncias aparecidas a los pocos días de su nombramiento.

Varios de los problemas que tiene el Gobierno de Luis Abinader Corona son los siguientes. En primer lugar, y analizando desde fuera, es que no se ve la sintonía necesaria en todos los miembros de su gabinete. Algunos ministros parecerían islas de poder autónomas. Otro problema es la presión del grupo encabezado por Hipólito Mejía, que representa, sin lugar a duda, la vieja política con sus prácticas clientelares. Se suma a todo esto el hecho de que el Partido Revolucionario Moderno surgió y se convirtió en una maquinaria de poder que no ha podido consolidarse como estructura y, peor aún, que no ha elaborado una doctrina coherente.

A pesar de los problemas, el Gobierno ha tenido logros. El más importante fue, a pesar de los tropiezos iniciales, salir airoso de la pandemia, primero que muchos países de América Latina. La recuperación del turismo, producto de una decisión presidencial, ha sido una tabla de salvación para el país. La recuperación económica en tiempo récord ha sido una verdadera hazaña que ha permitido al país tener con qué enfrentar la crisis mundial que estamos padeciendo debido a la guerra de Ucrania. El deseo genuino de resolver de una vez y por todas el gran problema que tiene el país con el aumento de la delincuencia y la profunda crisis de legitimidad que tiene la Policía Nacional, por el abuso de poder y la corrupción interna. Aunque significó cobrarse la vida de uno de sus ministros de confianza, el esfuerzo del Ministerio de Medio Ambiente por regular el abuso de algunos sectores, quienes, sin remordimiento alguno, están buscando permisos para seguir masacrando los recursos naturales. El trabajo que se está realizando a nivel de relaciones exteriores es muy importante. La primera gran medida fue disminuir las nóminas abultadas de las legaciones. Y la segunda, que para mí es importante, es recuperar nuestra posición de liderazgo. El papel que se jugó en la reunión convocada por Biden, nos colocó en el espectro internacional.

Pero hay problemas sin resolver, y el más grande de todos es la EDUCACIÓN EN TODOS LOS NIVELES. En ambos ministerios dedicados a la educación, se está apostando a bajar los estándares de calidad. ¿Con qué objeto? Me pregunto, me obsesiona e inquieta esa triste pregunta. En las muy cuestionadas pruebas nacionales quieren eliminar las dos áreas donde hay mayores fracasos: matemáticas y lengua española. ¿Para qué? ¿Por qué? Bajar los estándares significa profundizar la ignorancia; crear bachilleres mal formados que llegarán a las universidades y lograrán sus títulos sin dificultades porque los niveles de exigencia serán menores y obtendremos más licenciados mal preparados e incapaces de leer y entender lo que leen. Dirijo una maestría en historia para maestros en servicio y tuve que solicitar de manera insistente al subdirector de INAFOCAM que diéramos un curso de “Escritura y comprensión lectora” para esos “licenciados” que se están especializando. Por supuesto, como no bajé las exigencias académicas, muchos decidieron abandonar. Y ahora, quieren bajar los estándares. ¡Pobre país, pobre educación! La salud sigue siendo un drama y un dolor de cabeza. Estamos esperando medidas contundentes y de beneficio para los más necesitados. Se agotó el espacio. Nos vemos en la próxima.

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