Dos retos para las autoridades: terminar con la recesión y con la trampa de la liquidez

POR ARTURO MARTÍNEZ M.
Se pierden en lo claro las autoridades monetarias en cuanto a la recesión que golpea a todos los sectores (excepto al importador), prefieren ignorarla ó decir que no existe, presentando datos que el público recibe con reservas. Más que del gobierno, la recesión es responsabilidad de las autoridades monetarias, de quien también depende el crecimiento. Preocupa, además, que tampoco hayan advertido la existencia de una peligrosa trampa de la liquidez, por la rigidez de normas prudenciales y bancarias que de manera innecesaria se aplican en el sistema.

La experiencia indica que no son las estadísticas económicas que se publican, sean éstas buenas o malas, las que cuentan para el votante, sino la manera como la realidad le impactó, y cuando hay diferencia como en la actualidad, siente que la mentira tiene varios niveles, esto es, que existe la mentira misma, la maldita mentira y las estadísticas macroeconómicas, así como lo dijo una vez un famoso economista. El votante comienza a enviar mensajes de socorro mucho antes de las elecciones, y corresponde a las autoridades descifrarlos. Es el caso de la encuesta reciente, donde se habla de que el Presidente Fernández ha perdido un treinta por ciento de popularidad, y le dice porque, debido a que los problemas fundamentales no se han resuelto a pesar de las promesas. Si las autoridades monetarias no sacan la economía de la recesión y al sector privado de la trampa de la liquidéz en que se encuentra, la popularidad del Presidente Fernández podrían seguir en picada. El tiempo dirá si tenemos o no razón.

En su ir y venir alrededor del mundo, dos cosas saben los Miembros de la Misión del FMI; primero, hay maneras de elaborar y analizar las cifras, y segundo, que las poblaciones saben más de economía de lo que normalmente les atribuyen las autoridades locales. A ellos les preocupe la inconsistencia de los datos que últimamente se han presentado a la opinión pública, así como el análisis estadístico que se haga con el crecimiento de las comunicaciones en más de veinte por ciento, del comercio en casi catorce por ciento, hoteles, bares y restaurantes en diez por ciento, transporte en ocho por ciento, manufactura, agropecuaria y finanzas en cinco por ciento, todos con relación a enero-marzo del 2004. Toman muy en serio el hecho de que todo eso sucedió en una economía sobreajustada, y con un peso sobrevaluado. Sus experiencias es que no hay crecimiento donde se sobreajusta la economía. Es la República Dominicana una excepción? Eso es lo que las autoridades monetarias deben demostrar al país y al mundo.    

Saben, como también lo saben las autoridades monetarias, que la metodología que se ha utilizado se apoya en una muestra obsoleta, en precios del 1970, y que se carece de suficientes indicadores, y que con ella no es posible cuantificar y comparar, de manera real y transparente, el desenvolvimiento económico dominicano, con el del resto del mundo. Es la razón por la que han pedido a las autoridades monetarias, que nuevamente se ponga en vigencia y en práctica la metodologia conocida como SCN93, la que debió emplearse para estimar la economía enero-marzo del 2005.

Nunca lo dirán, pero la verdad es que cuando la Misión aceptó los estimados con el método que consideran obsoleto, pusieron en la balanza aspectos que tienen que ver con la estabilidad política, valoraron, y le dieron mucho peso relativo, que las cifras anunciadas tenían un sentido propagandístico interno. Es decir, si bien no le sacan la sábana del cuerpo a las autoridades, tampoco dejan de reclamar el cambio de metodología, para lograr estadísticas que puedan ser comparables a nivel internacional, una posición ambigua, muy parecida a la del diplomático, que nunca se acerca mucho pero tampoco se aleja, y al final no se compromete más allá de lo que son sus verdaderos intereses.

De esa manera, y así lo entienden los miembros de la Misión, no se hacen culpables del inexplicable retroceso, después de esfuerzos y cuantiosas inversiones desde mediados de los 90, donde participaron organismos internacionales, incluyendo el mismo FMI, y de la puesta en circulación del disco compacto contentivo de estadísticas sobre la economía desde varias décadas atrás. Lo que finalmente interesa al FMI es la vigencia del Acuerdo Stand-by, que las autoridades locales digan que todo ha sido un éxito, porque cumplieron con los topes, independientemente del efecto perverso sobre el bienestar del dominicano. De esa manera el FMI podrá publicar en su revista que el dominicano ha sido uno de los casos exitosos, porque se recuperó la confianza, como si de ello dependiera. Eso ayuda a darle vigencia internacional al tipo de acuerdo que aplican.  

Eso si, la Misión del FMI le deja a las autoridades monetarias la responsabilidad de convencer a la gente de que sí hubo crecimiento, porque en definitiva si hubo ó no crecimiento no es su problema, eso es local. Como no pueden hacer uso de la contabilidad del crecimiento, porque hay problemas, para imponer su hipótesis las autoridades se auxilian en las estadísticas monetarias, de manera específica en la definición del dinero. Recordemos que la hipótesis es que hubo crecimiento y que no hay recesión, para lo que usan los agregados monetarios, recatando así viejas y superadas recomendaciones de Friedman, quién en su oportunidad elaboró, usó y jugó con las definiciones de dinero, para determinar cuando existía ó nó recesión. Presentan y analizan la evolución de los agregados monetarios, que comprenden además del dinero emitido, todos tipos de depósitos e instrumentos financieros, contra los cuales no se pueden hacer cheques para pagar, es decir, un dinero que no está fácilmente disponible. Pero para su mala suerte basta con observar la evolución que tuvo la variable, para darnos cuenta que en realidad no apoyan la hipótesis, esto es, con claridad la evolución de los agregados monetarios no dicen, como pretenden las autoridades, que no hay recesión económica, porque para que no exista recesión, los agregados monetarios debieron evidenciar una clara tendencia hacia el aumento, y lamentablemente ese no es el caso.

Lo que si evidencian son movimientos brúscos, reflejándo los cambios introducidos por burócratas, en violación de la regla del crecimiento sin interrupción aconsejado por Friedman, si es que se quiere evitar recesión. Es decir, la mala política, el sube y baja brúsco de los agregados monetarios, es la causa del colapso de la economía familiar y empresarial. Basta con observar que en marzo del 2005, en comparación con diciembre del 2004, el crecimiento de los agregados monetarios fue mínimo, de apenas 1.4 por ciento, y eso sucede luego de haber crecido 9 por ciento en diciembre del 2004, en comparación con marzo del 2004. Como demostraron los teóricos de la economía Friedman y Lucas, hace ya muchos años, las variaciones brúscas de la oferta de dinero han sido fuentes de recesiones económicas, y como precisamente las estadísticas monetarias publicadas reflejan variaciones brúscas, es indefendible el anunciado crecimiento de 4.3 en el PIB trimestal. Más bien apoyan la hipótesis de la recesión. Pero además, si el dinero en su definición más amplia apenas creció 1.4 por ciento, la economía no pudo crecer 4.3 por ciento. Señores monetaristas, no se trata de una terrible contradicción? Todavía le queda el recurso de la política económica y la productividad.

Está claro que en el intento de demostrar que no hay recesión, las autoridades han recurrido a un mal indicador, porque los agregados monetarios sólo sirven para medir la magnitud de nuestro sector financiero, y nada más. Además de no apoyar su hipótesis, las estadísticas publicadas sí evidencian que se retiró dinero de la economía, demuestran que ciertamente su crecimiento fue interrumpido en más de una ocasión. Desde el punto de vista monetario, la recesión queda demostrada, lo evidencia la evolución del dinero efectivo en mano del público. En marzo del 2005, comparado con marzo del 2004, el dinero en manos del público se redujo en 6 por ciento, pero comparado el balance de marzo del 2005 con diciembre del 2004, acusa una reducción mucho mayor, un robusto 14 por ciento. La fuerte reducción en la liquidéz del público es la causa de la recesión, confirmando una vez más que se le debe poner atención a la sabiduría popular, hace tiempo que viene diciendo que en este país “no hay dinero”. Ahí están los números.

Por su papel en el desenvolvimiento diario de la economía, el efectivo en manos del público es el componente de mayor importancia relativa dentro de la oferta monetaria. De haber tenido un comportamiento no contraccionista, otro hubiese sido el resultado de la economía real enero-marzo del 2005,  hoy no se tuviera hablando de recesión. La realidad es que las autoridades monetarias contrajeron la variable en el peor momento, cuando el consumidor y el inversionista trataban de recuperar la confianza. Las familias y las empresas, que no querían reducir sus gastos, y que más bien querían apoyar la recuperación económica que en campaña se le prometió, se han visto forzadas a un comportamiento no deseado. Porque las autoridades monetarias, buscándo mantener el déficit cuasi fiscal en determinado nivel, perdieron la mejor oportunidad para recuperar y estabilizar la economía de las familias, de las empresas y de todo el país. Y lo peor es que entienden que la política ha sido y es la correcta. El efectivo  es crucial para una economía como la nuestra, con mercados financieros prácticamente inexistentes, siendo la razón por la que requiere una circulación de efectivo que en proporción es mayor a la demanda en países desarrollados. De ahí que su reducción brúsca haya desencadenado la recesión.

No había que ser experto para saber que la brúsca caída del efectivo en mano del público afectaría negativamente la demanda agregada de la economía y con ella la producción de las empresas. Qué estaban pensando las autoridades monetarias? Que bajando fuertemente la inflación anualizada, como efecto secundario del objetivo primario de la política monetaria, que es el control del déficit cuasi fiscal, se produciría un aumento en el poder de compra del balance de efectivo que se mantuviera en el mercado. De esa manera se estaría satisfaciendo el requerimiento del público por más liquidéz real, aumentando en consecuencia las actividades de las empresas. Ese es el motivo por el que las autoridades monetarias se felicitan por haber bajado la inflación anualizada del primer trimestre del 2005 a tan sólo 0.75 por ciento. Pero debe ser lo contrario, deben preocuparse, porque lo que se tiene hoy es baja inflación, precios y salarios altos y aumento del desempleo. La inflación ha bajado, los precios se mantienen altos, la demanda no se estimula y como consecuencia las empresas no aumentan su producción. La estrategia condujo a recesión.

Las empresas fijan sus precios mirando la actuación de las autoridades monetarias, son conocedoras de que la política monetaria actual es altamente predecible, y la verdad es que todo el mundo sabe que es brutalmente contraccionista, porque han escuchado a las autoridades monetarias decir y repetir, cada vez que pueden, que persiguen objetivos invariables de agregados monetarios, en lugar de objetivos reales. Una política que conduce irremediablemente a recesión, porque sólo le interesa el control del déficit cuasi fiscal, y como efecto colateral, mantener la inflación en un nivel muy bajo. Se puede decir, con propiedad, que la política monetaria forma parte de las expectativas y de la forma como las empresas fijan sus precios, explicando porqué no bajan los precios en momento en que el desempleo aumenta. 

Además de la recesión, tenemos el problema de la trampa de la liquidéz. Expliquémonos mejor dividiendo la economía en dos, la doméstica y la externa. La primera incluye el gasto privado en consumo de las familias y de inversión de las empresas, así como el gasto total del gobierno. La externa resume el comercio exterior. La recesión se concentra en la economía doméstica, que como hemos demostrado ha sido causada por las autoridades monetarias, a través de una reducción del efectivo en mano del público, para concentrarlo en el Banco Central y en la banca comercial. Además que se obligó  a los bancos a aplicar normas prudenciales y bancarias de imposible cumplimiento, hasta el punto de que más del ochenta por ciento de los clientes tradicionales califican como C y D.

No ha sido poca la inversión que las empresas han podido hacer, su gasto pudo haber sido la sumatoria del ahorro del gobierno de tres mil millones de pesos en el Banco de Reservas, las entradas netas de capital convertidas en pesos y los fondos que la banca comercial ha tenido que llevar al Banco Central, todo durante el primer trimestre del 2005. Si se quiere háblese del cincuenta por ciento de esos fondos, y seguro que estamos hablando de una fuerte inversión dejada de hacer. Pero resulta que la primera fuente de inversión se quedó en el Banco Central, lo que es defendible, pero los pesos de la segunda y de la tercera fuentes de inversión no estuvieron disponibles para mejorar el empleo y aumentar la producción del país, lo que estoy en total desacuerdo. La liquidéz que las empresas debieron manejar también se quedó en el Banco Central, y sólo para cumplir con la meta del déficit cuasi fiscal.

Como las autoridades interrumpieron el flujo tradicional de financiamientos y producción, entonces el PIB trimestral no pudo crecer. Ahora resulta que aúnque los bancos quieran prestar y no pueden hacerlo, están obligados a mantener una alta liquidéz indeseada, y no en vano en la actualidad la solvencia promedio del sistema bancario supera el 13 por ciento, lo que desde el punto de vista de la economía real y de las finanzas de los bancos, no puede ser un buen síntoma. Mientras tanto las empresas, que en su gran mayoría califican de C para abajo, están deseando financiamientos a tasa competitiva y no lo logran, por lo que no tienen otro camino que reducir sus gastos. La liquidéz se amontona en los bancos, y éstos nada pueden hacer. No se trata de una peligrosa trampa de la liquidez?

El gobierno parece que sí se ha dado cuenta de la situación, por lo menos a nivel del Secretariado Técnico de la Presidencia se siente la preocupación del tranque bancario, así lo evidencian las declaraciones de que es necesario replantear el acuerdo con el FMI, para flexibilizar los topes de gastos del sector público y las normas prudenciales y bancarias (aúnque recientemente se contradijo diciendo que el reglamento no limita el crédito). De todas maneras, parecería que se han convencido de la ineficacia de la política monetaria, que por lo menos en este momento no está en condiciones de cumplir con una de sus tareas fundamentales, la de sacar la economía del estado de recesión. El gobierno enfoca la salida a través del gasto oficial, lo que como veremos no es una garantía.

Supongamos que se logre la deseada flexibilización, las preguntas obligadas serían: Un aumento del gasto de inversión del gobierno, rompe el círculo vicioso de bajo gasto privado y de reducción de la producción, es decir, desaparecería la recesión? Sacaría la economía de la trampa de la liquidéz?  Si el gobierno invierte en carreteras, puentes, contenes, agua, en educación, en salud, en proyectos de alto rendimiento económico y social, la inflación no sería como la que pretende el Banco Central, sería superior, lo que de por sí no sería malo, pero el efecto sobre la producción de las empresas no sería de inmediato, no obstante aumentar la demanda agregada. Lo más probable es que la recesión y la trampa de la liquidéz se mantengan, indicando que no sería suficiente que el gobierno gaste un porcentaje de los tres mil millones de pesos que trimestralmente puede ahorrarse en el Banco Central.

El mensaje es que el gobierno nada ó poco conseguirían, en cuanto a mejorar  la producción de las empresas y salir de la trampa de la liquidéz, de una nueva conversación con el FMI que sólo incluya la ampliación de los topes de endeudamientos del sector público. La clave la tiene el sector privado, que las autoridades deben ponerla en condiciones de financiarse con una buena parte de las entradas netas de capital convertidas en pesos y de los pesos que mantiene el Banco Central en forma de certificados de inversión. Es imprescindible que en la conversación no se deje el tema de las normas prudenciales y bancarias.