Duarte el apóstol, Haití y la verdadera independencia

I

De todos los escritos que se han publicado sobre Duarte con motivo del segundo centenario de su  nacimiento, pocos han destacado  su protagonismo  en la  forja de una verdadera conciencia nacional, al margen de las ideas e intereses del colonialismo, el anexionismo, el prohaitianismo y el antihaitianismo que gravitaron por mucho tiempo, y aun pululan entre las élites políticas y sociales de nuestro país.

La mayor parte de los autores concuerda en que dado el crecimiento socioeconómico que experimentó este subcontinente en la segunda mitad del siglo XVIII, las tres influencias espirituales determinantes del desarrollo de las ideas independentistas fueron la ilustración europea inducida tras la llegada de los borbones al trono español en 1701; la Revolución francesa y la invasión de Napoleón a la Península Ibérica del 1808, donde impuso a su hermano José  como rey   luego de humillar  al servil  Fernando VII.

Esos hechos produjeron en Hispanoamérica una generación de “Criollos” ennoblecidos y de curas patriotas que abrazaron la causa de la independencia hasta su consumación tras dos decenios de una lucha llena de alternativas y escenarios, en las que fueron figuras cimeras Bolívar y San Martín.

Pero en la isla de Santo Domingo convivían dos colonias: una española, la original, que aunque avanzaba desde mediados del siglo XVIII, era una comunidad de pastores de ganado, y otra francesa, ocupando la tercera parte  del territorio donde funcionaba un  próspero sistema de plantaciones y factorías azucareras, otros cultivos de tabaco, cacao, café y algodón, basados en la explotación intensiva del trabajo esclavo.

En nuestra isla, la revolución francesa, despertó un proceso interminable de conflictos políticos y sociales, primero entre los mulatos haitianos por sus derechos, luego de los esclavos de esa parte de la isla, y entre franceses  españoles e ingleses  que condujeron sucesivamente a la cesión formal de toda la isla  a Francia en 1795, a la ocupación de los haitianos en nombre de Francia por Toussaint L’Ouverture, en 1801, la invasión francesa de Leclerc en 1802, las invasiones  genocidas de Dessalines y Cristóbal en 1805, y la llamada “Reconquista” encabezada por el hatero Sánchez Ramírez con el apoyo económico y militar del gobernador español de Puerto Rico, en 1808-1809; el  que no permitieron prosperara un movimiento pro independentista auspiciado por el gaditano Ciriaco  Ramírez desde el sur del país.

Por la emigración de gran parte de las élites criollas y peninsulares de ese período durante ese largo período, los criollos y religiosos se debilitaron mucho para hacer viable un proyecto nacional como se produjo en la “tierra firme” del continente,  aunque los dominicanos tuvieron una participación importante en todos esos eventos desde 1801 con Juan Barón, hasta  1874 cuando fracasó el último proyecto anexionista dirigido por Buenaventura Báez, gracias a los esfuerzos de Luperón, Cabral y García.

En ese largo proceso, la llamada “Independencia Efímera” encabezada por Núñez de Cáceres en 1821, fue el primer intento exitoso, corto pero que tuvo casi control total del territorio, que no tuvieron  entre otros, Hidalgo en México, Miranda en Venezuela y Céspedes en Cuba.

  Este es el único país que ignora esa realidad.