Dudas esenciales acerca de la modernidad

Realmente el humano está atrapado en una malla de incógnitas. Continuamente, cada vez con mayor celeridad y frecuencia, quedamos perplejos ante los logros desconcertantes de la tecnología que ofrece inmediatez sin esfuerzo. Hoy estamos enterados de todas las malas noticias, las aberraciones y locuras que se producen en un mundo superpoblado pero subalimentado, subatendido en salud y  cuidado del alma, descuidados los más débiles por los más fuertes,  aplastados todos –ricos y pobres- por una extraña idea de modernidad que distorsiona y retuerce los más altos valores que deberían primar en el ser humano: Conmiseración y ayuda para los más débiles, interés activo por establecer una justicia funcional y posible, “posible” para las limitaciones multifacéticas del ser humano, trátese de varón, niño o anciano, de mujer joven  o  en proceso de deterioro  por los años y los sufrimientos de los cuales nadie escapa.

Viene a resultar que la modernidad la tenemos ubicada en computadoras que ofrecen informaciones más o menos precisas (porque hay mucha información errada, ya que es fácil introducir un texto mentiroso en Internet), también en una televisión que no nos deja espacio para pensar, para sacar conclusiones, para usar la mente. No. Todo está dicho, masticado y listo para la digestión, salvo algunos programas de opinión que esquivan las “verdades” que ponen en sus manos los interesados, apoyados en intereses pecuniarios o en inocencias y simplicidades de sus productores.

Sigue resultando fácil descartar minoritarias informaciones ciertas, argumentando que quien las propaga es un “alocao” o un “disparatoso”.

Pero tal  vez, en lo que hacen estos “alocaos” o “disparatosos” se encuentre lo mejor de la modernidad.

Por otra parte, no puedo definir cuán útil sea haber visto en CNN el horror en un hotel de Bombay (el Taj Mahal) donde permanecí una semana con la Sinfónica de Cincinnati, o la destrucción  de hermosas ciudades de Oriente Medio que conocí y fueron arruinadas junto a aquellos afectuosos lugareños que estaban lejos del odio. El cine, la cinematografía, también se ha tornado rápida y violenta.  Rápida y violenta como el odio, como la impaciencia, como una intolerancia que intenta formarse luego de cierto descreimiento  anémico y que la victoria de Obama en USA podría –si lo dejan las otras grandes fuerzas estadounidenses- marcar un cambio.

No quiere uno pensar en la necesidad de la fuerza bruta, pero ¿cómo no pensar en lo sucedido en la antigua Yugoeslavia, tras el régimen dictatorial del Mariscal Tito, quien decía: “Ya verán quienes son éstos cuando yo no esté”. Ahí están los hechos.

No queremos nada de dictatorialismo. El tiempo de Trujillo ya pasó y no puede volver, pero tengamos claro lo que significa “modernidad”.

Debe significar EDUCACIÓN. ORDEN. DISCIPLINA.