“Eclessia reformata, semper reformata”

Biblia

La herencia doctrinal que encontramos en la Reforma Protestante está anclada en los principios: Sola Fe, Solo Biblia, Sola Gracia, Solo Cristo y Solo a Dios sea la Gloria. Además del muchas veces olvidado: “Eclessia reformata cuai semper reformata”, que traducido del latín significa: “Iglesia Reformada siempre reformándose”. Con este último, los reformadores no consideraron aquel movimiento como único en la historia, sino que debe ser entendido como una constante búsqueda y renovación en el entendimiento de Dios por medio de la “Sola Scriptura”, que jamás debe estancarse en pensamientos humanos, sino que debe mantenerse vigente en toda la historia de la iglesia.
Se puede decir que existe una crisis de identidad en el pueblo evangélico y para recuperarla tenemos que mirar a nuestro pasado y a nuestras raíces, para que en perspectiva miremos el futuro con sentido de misión. Al hacer un diagnóstico de nuestro estado actual, nos damos cuenta que el examen bíblico de nuestras enseñanzas es relativamente nulo en las iglesias evangélicas. Se prefiere mantenerse en la ignorancia y en el analfabetismo bíblico. El aturdimiento en fábulas y pensamientos incorrectos pareciera ser la regla hoy en día. La fe cristiana jamás expone este sistema: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
En ese mismo orden, el maestro bíblico Gerardo de Ávila, en su libro Volviendo a la Fuente, define el nivel teológico de la Iglesia evangélica como infantil donde la exégesis y la exposición bíblicas han abandonado el púlpito. Su lugar lo ha ocupado el histrionismo, la falta de preparación o las historietas de experiencias espirituales extraordinarias. Personas que tienen la pretensión de haber recibido revelaciones de una versión mejorada del evangelio.
Bonhoeffer en sus reflexiones acerca de la Iglesia, establece que: “La Iglesia existe en tanto vive para los demás”. Cuando vive para sí misma, como suele suceder, niega su existencia, su razón de ser y diluye su identidad quedando sólo en una organización religiosa sin influencia ni testimonio. Cuando la iglesia vive para el mundo encuentra su vocación y reafirma su identidad con el Cristo vivo y sólo así Cristo se hace presente en el mundo por cuanto la iglesia se asume a sí misma como cuerpo de él.
La misión de la iglesia desde la perspectiva joanina es “Como el padre me envió, así yo os envío” (Jn. 17: 18). Cristo se encarnó. Por tanto hemos de ir al mundo encarnándonos, viviendo y anunciando el mensaje de la cruz en donde encontramos redención y perdón, en el poder de la resurrección que levantó a Cristo de entre los muertos. La necesidad de una reforma hoy radica en el hecho de que la iglesia evangélica no ha encarnado el mensaje que Cristo le ha encomendado.
Se hace urgente que la iglesia evangélica no sólo cambie su forma de proclamar la fe que ha sido dada una vez a los santos, se requiere de una redefinición de su accionar en el mundo. Hemos vagado lejos de los fundamentos bíblicos e históricos de la fe. Se hace necesario que lleguemos ante la presencia de Dios con humildad, pidamos su perdón, y hagamos un compromiso sincero de retornar al camino de Dios. No seamos como los hijos desobedientes de Israel, sino escuchemos el llamado del profeta: Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. (Jer. 6:16).