Ecología de la basura

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POR DOMINGO ABRÉU COLLADO
Sí, la basura puede ser ecológica, todo depende del manejo semántico que de su significación hagan las autoridades que están responsabilizadas de su manejo material. Igualmente ecológica puede ser la orientación que llegue a la ciudadanía en relación con la basura. Todo depende (otra vez) del manejo que las autoridades en cuestión hagan de lo que es la orientación.

Cuando el actual síndico, Roberto Salcedo, desarrollaba su campaña postulante hacia la sindicatura, quisimos comunicarnos con él para exponerle un plan de trabajo con la ciudadanía en torno al manejo de la basura. El plan estaba elaborado por el Movimiento Ambiental Río (MAR), e incluía iniciarse con un sector de Santo Domingo, para trabajarlo como modelo en el manejo de la basura.

El objetivo el plan de MAR era demostrar a la ciudadanía que el problema de la basura era responsabilidad de los ciudadanos, y que solamente los ciudadanos eran capaces de resolverlo. Aplicado dicho plan el resultado principal sería una disminución considerable en la producción de basura, y por lo tanto una reducción en gastos por parte del ayuntamiento, mejor manejo de los vertederos, santo aspecto de la ciudad y mejoría del ambiente.

Pero Roberto Salcedo desestimó recibirnos, probablemente porque ya tenía algún plan infalible basado en la utilización de un amplio personal. Pero al utilizar los mismos métodos de recolección, los mismos destinos para la basura y los mismos conceptos en torno al ambiente de una ciudad, los resultados -a la larga- serían los mismos. Y eso es lo que sucede ahora.

No hay duda de que se ha hecho un esfuerzo humano enorme desde el ayuntamiento por resolver el problema de la basura, y de que se ha recurrido a una logística de multiplicación de recursos de carga y transporte que en ocasiones ha respondido. Pero ahora se produce más basura, y los recursos del ayuntamiento no han crecido. Por lo que en cualquier momento tendremos la ciudad de nuevo en crisis de suciedad, en una historia sin fin que repetirá en cada curva una situación que sigue siendo vergonzosa para una parte de la gente. Porque sépase, ya hay una parte de la gente que se siente acostumbrada a vivir rodeada de desperdicios, porque siente que eso es lo normal.

LA PROPUESTA DE MAR

La propuesta del grupo que se identificaba como Movimiento Ambiental Río (MAR), señalaba como importante la utilización de un área claramente delimitada de Santo Domingo para utilizarla como modelo para el manejo de su producción de basura. El área física propuesta, específicamente, era la Ciudad Colonial o una parte de ésta.

Un equipo de personas previamente entrenadas se encargaría de trabajar en esa área contactando a todas las familias, explicándoles los detalles del plan en la zona, de manera que todo el mundo en la zona escogida estuviera enterado del proyecto y su proceso.

La gente tendría que ser convencida de su responsabilidad -por no decir culpabilidad- en relación al problema de la basura. Se le educaría en torno a los materiales calificados como basura y a las formas de reducir la producción de esos materiales hacia las calles; no adquiriéndolos o reduciendo su adquisición, destinándolos a otros usos, o remitiéndolos como desecho a un destino que no sea las calles.

El trabajo con la gente no sería la pérdida rutinaria de tiempo de distribuir panfletos o colocar afiches, sino la conversación directa con los grupos de personas en el sector, la utilización de materiales de educación de grupos con metodología de impacto que no generara ningún tipo de rechazo.

El área en educación sería luego aprovechada para mejorar la metodología partiendo de los resultados obtenidos y llevar el proyecto entonces a una de las zonas más críticas de la ciudad con materiales de educación producidos en el ensayo anterior.

Como uno de los problemas para estas iniciativas es siempre el empleo de personas, la propuesta sugería la utilización de una cantidad de gente que se emplea en el ayuntamiento por razones de clientelismo (que no falta), pero que bien pueden ser educadas y entrenadas con el propósito indicado.

Solamente existe otra alternativa mejor que la que propondríamos a Roberto Salcedo: tener un camión compactador por cuadra, con diez operarios, ocho horas al día, siete días a la semana. Es decir, todo el presupuesto de la nación solo para la basura.

BASURA QUE NO ES BASURA

Con el tiempo, el significado de algunas cosas cambia. Y en eso es responsable la gente, inventora de los idiomas, los conceptos y la semántica. Algunas cosas que antes eran consideradas como desperdicio hoy no lo son, pero eso no ha cambiado, por ejemplo, en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Para esa Academia, el término “basura” tiene el siguiente significado: “Inmundicia, suciedad, y especialmente la que se recoge barriendo. Desecho o estiércol de las caballerías. Lo repugnante o despreciable”.

Podemos estar de acuerdo con que la inmundicia, la suciedad, lo repugnante y lo despreciable sea considerado como basura. Pero no es cierto que “la que se recoge barriendo” – como son las hojas, la cáscara de arroz, la corteza de los vegetales-, ni el “estiércol de las caballerizas”, ni el estiércol del ganado, ni el guano de las aves y de los murciélagos son considerados ahora como basura. Todo eso es material biológico, productivo, ecológicamente útil y económicamente rentable.

El bagazo de la caña de azúcar, antes considerado también como basura es ahora un material sumamente rentable en cuanto a su uso como energético y como material de construcción. Eso significa que durante el tiempo en que la caña de azúcar fue nuestro principal producto de exportación tiramos un monto incalculable de recursos en lo que considerábamos como basura.

Una parte importante de lo que en la República Dominicana -y principalmente en Santo Domingo- se maneja como basura, en realidad es materia útil, con valor, la que podemos manejar destinándola a usos específicos o simplemente evitando producirla.

EDUCAR ANTES Y REPRIMIR SI ES NECESARIO

El uso de la fuerza pública no ha sido nunca una respuesta al problema de la suciedad en Santo Domingo, por una razón muy simple: en ninguna de esas instituciones (Policía Nacional, Ejército Nacional, Marina de Guerra, etc.) se educa en relación con el manejo ambiental de las ciudades. Por lo tanto, ningún policía o miembro de las fuerzas armadas ve en un cúmulo de basura una agresión al orden. Más bien ve en ello un descuido del ayuntamiento.

Por otro lado, el nivel de cultura general de la población dominicana no le permite ver en la situación de la basura un problema ambiental, ecológico, económico, social, político y cultural, como en realidad lo es.

La educación en las escuelas no contempla la educación ambiental con la seriedad que nuestra situación y el futuro demandan, por lo que las generaciones que vienen -sujetas solo a la escolaridad- no traen soluciones consigo, sino una multiplicación del problema.

Como dijimos al principio, el este caso, los únicos capaces de solucionar el problema de la basura son los propios causantes: la gente, la población. Pero para ello tienen que asumir esa responsabilidad.