ECOLOGÍA
Rafey: ahogar al humo en sus llamas

POR DOMINGO ABRÉU COLLADO
Hoy es Santiago de los Caballeros, antes lo fue Santo Domingo. La capital de la República Dominicana tenía un olor característico al llegar las primaveras de las décadas de los 50, 60 y principios de los 70. Abril, mayo y junio eran los meses en que los efluvios de la vegetación saturaban el aire, principalmente cuando más húmeda era la atmósfera.

El anhidrido carbónico se hacía sentir más que ningún otro olor al medio día, dejando paso en las noches a los jazmines, las “putas de noche” y al Ilán-Ilán. Se respiraba el trópico a todo fuelle.

Pero todo esto cambió a mediados de los 70, cuando el desorden se adueñó de la ciudad, crecieron los barrios, se formaron otros y el hacinamiento se instauró como el estilo de habitación en boga. Semejante estilo y crecimiento demográfico abrieron espacio al reinado de la basura, que multiplicó y sentó sus reales en cada esquina de Santo Domingo. Las acumulaciones de desperdicios -símbolo del “crecimiento económico” y del “desarrollo”- pronto se hicieron notar en todo el aire, desplazando en verano al anhidrido carbónico, inundando toda la atmósfera capitalina y designando para Santo Domingo una característica inconfundible: su olor a basura.

La gente que pasaba algún tiempo en otro país al regresar lo identificaba inmediatamente. El olor de Santo Domingo era el olor de la basura, cuyos fuegos espontáneos por la acumulación de gases liberaban enormes cantidades de humo que cubrían toda la ciudad desde el Ozama hasta el Haina y hasta el mar. Deshacerse de la basura quemándola en cada esquina no hizo más que acentuuar esa característica asquerosa.

La construcción del vertedero de Duquesa resolvió en parte el problema. Pero la gente de Santo Domingo sigue produciendo basura como si de un país del primer mundo se tratase. Y algo así es lo que pasa en Santiago.

Los santiagueros, como “buenos dominicanos”, producen tanta basura como el más desarrollado primer mundista, y el problema no se hizo esperar. Rafey, su vertedero “insignia”, se transformó en un nauseabundo dragón que arroja fuego y humo sobre la ciudad, apestando a descomposición y enfermando la ciudad corazón, antes ejemplo nacional de limpieza y ornato.

Recientemente, la Academia de Ciencias de la República Dominicana presentó a la municipalidad algunas “consideraciones geológicas, hidrogeológicas y ambientales para la disposición final de los desechos sólidos de la ciudad de Santiago”, como un aporte técnico a la solución del grave problema que significa el vertedero de Rafey.

Haciendo referencia al cálculo de las 800 toneladas en que se estima la producción de desechos sólidos en Santiago, el Equipo Ambiental de la Academia de Ciencias plantea el análisis de “la pertinencia del relleno sanitario de El Naranjo, estudiar la situación y perspectivas del vertedero de Rafey y aportar nuevas ideas, hasta ahora no consideradas de forma científica y objetiva, a fin de contribuir a buscar soluciones a un serio problema que cada día se agrava”.

Las “geologías” y el temor de infiltración

El informe presentado por la Academia de Ciencias comienza por un análisis geológico de cada una de las zonas señaladas como posibles alternativas para el manejo de la basura: “El Naranjo”, “Las Charcas”, y el mismo Rafey; llamando la atención sobre la composición de los suelos de cada uno de los sitios en relción con las características de compactación, puesto que a fin de cuentas el gran peligro pudiera ser la contaminación del agua del subsuelo, e incluso las del Yaque del Norte, como consecuencia de la lixiviación que se produce en las acumulaciones de basura, y su infiltración hacia esas aguas.

El principal análisis hecho por el Equipo Ambiental estuvo centrado en Rafey, donde luego de caracterizar la geología que subyace en la zona se hizo un resumen histórico, estimando que “las basuras fueron depositadas directamente sobre los materiales arcillosos impermeables, fruto de que los materiales grnulares fueron previamente removidos por una antigua cantera de gravas y arenas, lo que facilitó colocar las basuras sobre el sustrato margoso impermeable, ya que lo correcto es que las basuras sean depositadas sobre suelos arcillosos o suelos margosos que garanticen la total impermeabilidad del subsuelo y así evitar que los lixiviados se infiltren y contaminen el sustrato, especialmente si hay exceso de óxido férrico en superficie, como es el caso del terreno granular virgen de Rafey”.

El estudio del Equipo Ambiental de la Academia de Ciencias resalta el papel de la lluvia en la formación de contaminantes a partir de la acumulación de basura. “La lluvia, combinada con la acidez de la materia orgánica descompuesta y de otros agentes químicos ácidos, tiende a disolver el hierro presente en forma de trióxido y a transportarlo en forma de lixiviado altamente contaminante”.

La falta de un acondicionamiento técnico previo de los terrenos destinados a recibir desechos, principalmente la remoción de capas hasta llegar al sustrato impermeable, es lo que crea los mayores problemas de contaminación hacia las aguas subterráneas y superficiales del entorno.

EL NARANJO NO PUEDE SER LA OPCIÓN

La geología de “El Naranjo” aconseja no construir allí un nuevo vertedero. Las características del suelo de “El Naranjo”indican la presencia de “gruesos depósitos de materiales granulares de positados en la superficie de la zona”, indica el informe de la Academia de Ciencias. Y agrega, “Estos materiales granulares son de muy alta permeabilidad, y aunque están depositados sobre un manto limoso calcáreo, de origen marino, para construir allí un relleno sanitario es necesario remover primero todo el grueso espesor granular superficial, a fin de evitar que los lixiviados se infiltren y contaminen los suelos y las corriente fluviales vecinas”.

Así las cosas, las sugerencias de los técnicos de la Academia de Ciencias es que “Santiago de los Caballeros debe desestimar la opción de un relleno sanitario en El Naranjo, y concentrar sus esfuerzos en el rediseño y la correcta gestión del vertedero de Rafey, a fin de convertirlo en un relleno sanitario, ya que si se abandonara Rafey para trasladarse a El Naranjo estaría dejándose un grave problema ambiental en Rafey y generando un nuevo problema en El Naranjo, con lo cual Santiago tendría ahora dos focos de contaminación”.

Casi al final del informe, el Equipo Ambiental de la Academia de Ciencias recuerda que “El manejo y disposición de los desechos sólidos es un problema de carácter general en la sociedad Dominicana y no solo exclusivo de la ciudad de Santiago de los Caballeros, por lo tanto, la experiencia que se propomne para el caso del vertedero de Rafey, debe constituirse en un plan piloto, técnicamente bien conducido, que marque la pauta para evertir esa problemática nacional, hacia una solución de largo plazo en cada una de las provincias de la República”.

UNA VIDA MEJOR

Lo de Rafey es más común de lo que se cree. Un estudio monográfico de Fabio Atanasio de Morais, de UNICEF Brasil, titulado “Una Vida Mejor para los Recogedores de Basura”, toca el tema de los llamados “buzos” y la necesidad de buscarles alternativas para una vida más decente.

“Un gran número de familias sobrevive removiendo basuras en los tugurios que proliferan en torno a Recife y sus ciudades satélite en el estado de Pernambuco. El saneamiento es precario: la explotación y la violencia son comunes. Este programa fue motivado por la percepción de que el hecho de que los niños y los adolescentes tengan que vivir de la recogida de basuras es una situación inhumana e inviable para la sociedad y el medio ambiente”.

El programa a que se refiere de Morais tiene estos objetivos, ayudados por UNICEF: retirar a los niños y a los adolescentes de los basureros y ayudarles a regresar a la escuela; mejorar sus condiciones de vida; organizarles en asociaciones y generar puestos de trabajo e ingresos; reducir las repercusiones de una manejo descuidado de la basura; y reducir las altas tasas de mortalidad de los recogedores de basura y de sus familias.

“El objetivo -luego de actividades preliminares de seminarios y censos en más de 60 tugurios de la ciudad de Olinda- es crear un modelo administrativo para el tratamiento de los residuos sólidos urbanos que tome en consideración la naturaleza intersectorial del problema; fortalecer la interpretación de que la educación, la salud, la movilización social y la promoción son elementos fundamentales; considerar las relaciones entre los distintos participantes; y responder a las necesidades locales”.