Ecologizar la política y la economía

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LEONARDO BOFF
El día 31 de octubre, ante los medios de comunicación de todo el país, el presidente reelecto Luiz Inácio Lula da Silva, hizo un pronunciamiento de gran relevancia. Estableció claramente las metas de su segundo mandato: desarrollo, distribución de la renta y educación de calidad. Dejó claro que va a gobernar para todos, pero preferencialmente para los pobres y excluidos.

Para quien viene de la teología de la liberación, esto es colirio en los ojos irritados, pues la marca registrada de este tipo de teología es la opción preferencial por los pobres contra la pobreza y a favor del desarrollo integral, de la redistribución de la renta y de la educación para el cuidado. Estos tres ejes podrán redireccionar la historia de nuestro país, con menos diferencias y más inclusión social. No podemos menos que apoyar tal propósito.

Pero en este programa hay una ausencia que ya se hizo notar durante la campaña. Ninguno de los candidatos se refirió a la cuestión ecológico-ambiental. Tenemos que reintroducirla, porque, sin ella, las tres metas del gobierno, dentro de pocos años, podrán ser totalmente inviables. El presidente debe tener una visión estratégica de futuro del país y de la humanidad, pues su ausencia puede ser irremediable.

En primer lugar es importante ecologizar la política y la economía. Me explico: hay que entender sistémicamente todos los problemas. Las cuestiones económicas, políticas, sociales, éticas y espirituales son interdependientes. Hay que superar el paradigma -superado ya en la teoría- que separaba y atomizaba las distintas instancias. Porque están inter-retro-conectadas, las soluciones deben ser incluyentes. La transversalidad -tesis de la ministra Marina da Silva- debe dar la tónica en la implementación de los tres ejes del gobierno.

En segundo lugar, hay que tomar en serio lo que grandes nombres de la ciencia y los informes oficiales de organismos que estudian el estado de la Tierra nos están advirtiendo desde hace tiempo: El tipo de desarrollo y de educación dominantes están destruyendo el planeta Tierra. En nombre del desarrollo se explotan en forma ilimitada todos los recursos para que haya más y más consumo, sin el cual el sistema económico-financiero se hunde. Si la voracidad de este sistema sigue, antes del 2050 necesitaremos dos Tierras para atender a la demanda de la humanidad, nos dice el informe «Planeta vivo 2006» del Fondo Mundial para la Naturaleza. James Lovelock, formulador de la «Teoría Gaia», la Tierra como superorganismo vivo, advirtió en la revista Veja del 25 de octubre de este año: «hasta finales del siglo es posible que desaparezca el 80% de la población humana» a consecuencia del sobrecalentamiento de la Tierra. Y añade: «prácticamente todo el territorio brasilero será demasiado caliente y seco para ser habitado».

De ser esto probable, o incluso verdadero, ¿qué tipo de desarrollo y de educación debería proponer Lula? Tenemos que cualificarlos ecológicamente para que nuestros hijos y nietos no se vuelvan contra nosotros y nos maldigan, porque fuimos advertidos del desastre y poco o nada hicimos.

No basta decir: tenemos a la ministra Marina Silva, responsable del proyecto «Vamos a cuidar de Brasil». Todos tenemos que participar. A ella el presidente Lula le debería agregar al ex-gobernador Jorge Viana de Acre como Ministro de Estado, porque él tiene conciencia lúcida de estas cuestiones y representaría a toda la región amazónica, llave para el equilibrio futuro de la vida y de la Tierra. Apoyemos las metas del presidente enriqueciéndolas con esta mirada ecológica integradora.