Economía americana
Colapso de IndyMac Bank

El colapso registrado por el banco IndyMac hace días representa la mayor bancarrota de una asociación de ahorros y la tercera más importante de una institución bancaria en la historia financiera de Estados Unidos, después del derrumbe del Continental Illinois National Bank en 1984.

El pasado 11 de julio del corriente 2008, las acciones de IndyMac se desplomaron a la irrisoria cotización de 28 centavos dólar por unidad, luego de que en el transcurso de los últimos meses la opinión pública nacional se hiciera eco de las siguientes malas noticias: la declaración de las primeras cuantiosas pérdidas en los últimos 23 años, la venta de la división inmobiliaria a Providence, la información de la cancelación de 3 mil 800 asalariados o 53,0% de la plantilla laboral de 7 mil 200, la frustración alcanzada en varias iniciativas de capitalización, la suba a 8,0% de la cuota de los créditos valuada como de dudoso o difícil cobro, la estampida de los depósitos por la suma de mil 300 millones de dólares y la consecuente prohibición de de retiro de fondos a los ahorristas.

En estas circunstancias, la Oficina Supervisora de las Instituciones de Ahorro –OTS por sus siglas en inglés- decidió transferir el control de la gestión y operaciones de IndyMac a la Corporación Federal Aseguradora de Depósitos –FDI por sus siglas en inglés-.

El rescate bancario gubernamental del 94,7% de los fondos depositados por valor de 19 mil millones supone un costo fiscal al erario público, a costa de los bolsillos de los trabajadores y consumidores, de hasta 8 mil millones o casi 15,0% de las reservas de FDI destinadas a la devolución de ahorros de cuentas inferiores a 100 mil dólares, en caso de cierre o quiebra de la banca.

El estallido de la crisis de IndyMac Bank -una de las principales instituciones negociadoras de hipotecas de calificación Alt-A, o riesgo comprendido entre el menor A y el máximo subprima, establecido en razón de la insuficiente documentación de comprobación de paga de deuda por parte de los prestatarios- responde a la dinámica catastrófica del mercado inmobiliario en Estados Unidos y el mundo. Este derrotero consiste en la fractura de la compraventa de las hipotecas por motivo de la declinación de los precios de las viviendas y la inclinación de los impagos de los deudores, hasta tal grado que el patrimonio familiar resulta negativo,  si se toma en cuenta que la economía estadounidense atraviesa por una  agravación de los balances de la banca hipotecaria.