Economía de vudú

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El gobierno pretende aprovechar el terremoto de la Hispaniola para  justificar la elevación del déficit en el presupuesto del 2010; lo decimos porque el Secretario de Economía dijo que se ampliaría la brecha con motivo de los gastos imprevistos en que se incurre, que  se solicitaría al FMI una ampliación del límite permitido. Para el Secretario de Hacienda el asunto es diferente, afirmó que los gastos imprevistos, que estima en $231 millones, serán reembolsados por los Organismos Internacionales. Aunque el monto es una minucia considerando el presupuesto de RD$378,997.5 millones, la contradicción entre dos funcionarios claves del gobierno sobre un asunto básico es lo que importa.

Antes del terremoto habíamos advertido que el déficit era de RD$62,314 millones, incluyendo los RD$14,485.6 millones que por ley corresponden al Banco Central, omitidos en el presupuesto en violación a la Ley de recapitalización y del Acuerdo Stand-By. Las donaciones del mundo que llegan a Haití sustituyen la falta de producción de esa parte de la Hispaniola, pero también impactan negativamente la producción de República Dominicana en el corto plazo, con implicaciones para  las recaudaciones gubernamentales. Es decir, la proyectada ampliación del déficit fiscal no sería por los gastos imprevistos, sino por el incumplimiento de proyecciones optimistas de ingresos.

En este momento la economía sigue operando muy por debajo de su potencial, lo que debería llamar a preocupación a las autoridades, que no deben escudarse en el terremoto, porque la recesión viene desde el año pasado, aunque oficialmente se resistan a admitirlo. De mantenerse la actual utilización de la capacidad productiva, la revisión impositiva para aumentar los ingresos, de la manera como está programada en el Acuerdo con el FMI, no será suficiente para cuadrar los gastos, de modo que el gobierno está en el deber de hacer recortes para cambiar la tendencia negativa que lleva el déficit fiscal. El radical cambio del presupuesto, de un superávit en el 2008 a un escandaloso déficit en el 2010, sin la contrapartida de estimulo a la economía, significa que estamos en presencia de una economía de vudú, donde los que gobiernan entienden que es posible gastar los pesos que no se tienen y que tampoco se prevee la economía producirá en el corto plazo.

El problema del enorme déficit que se acumula es el efecto en el largo plazo, para revertirlo se necesitaran de superávits por lo menos para los próximos cinco años, lo que es descartable bajo la gerencia pública actual, que ha demostrado entusiasmos excesivos cuando de gastos innecesarios se trata. El Congreso Nacional debería rechazar cualquier iniciativa encaminada a elevar el déficit; lo contrario es lo que debería hacer, exigir un compromiso anual para desarmar poco a poco la bomba de tiempo que amenaza la economía desde el 2008. Los déficits fiscales acumulados, sumados al hecho de que los Marines están en el Oeste, con la presunción de que  el lavado de activos será más dificultoso, tendría implicaciones para la inversión, el consumo y el crecimiento. A revisar pues las proyecciones.