En el mundo
Apreciación del dólar: es fuerza inflacionaria invisible en dominicana
Divisa estadounidense se continúa fortaleciendo frente a otras monedas en 2026: solo en marzo se apreció un 2.35 %, y en el primer trimestre acumuló aumento 1.7 %

Un dólar fuerte opera como un impuesto invisible sobre las importaciones: obliga a la economía a generar más pesos para honrar sus compromisos externos.
La guerra en Medio Oriente ha desatado una serie de disrupciones en la oferta de materias primas y en las cadenas logísticas, cuyos efectos inflacionarios se sienten a escala global y, de manera particular, en la República Dominicana. Así lo interpreta el Banco Central en su informe más reciente, emitido el martes, donde anunció su decisión de mantener sin cambios la tasa de política monetaria. En el citado documento la entidad explica que la evolución del conflicto bélico constituye un choque de oferta negativo: encarece las materias primas importadas, eleva el costo de insumos estratégicos para la producción nacional y tensiona los precios del transporte marítimo.
A este panorama se suma la respuesta del Gobierno, que ha anunciado un conjunto de medidas destinadas a amortiguar el impacto sobre la economía: subsidios parciales a los combustibles y otros productos, asistencia social a los sectores más vulnerables y la continuidad del gasto de capital como ancla de la actividad económica.
El Banco Central advierte, además, que en esta coyuntura su sistema de pronósticos anticipa que la inflación interanual seguirá bajo presión en el corto plazo, impulsada por estos choques de oferta y, en particular, por el encarecimiento del petróleo y sus derivados.
Sin embargo, más allá de estos efectos visibles —los que se reflejan en los precios que pagamos día a día— hay una fuerza más sutil, casi silenciosa, que también empuja la inflación: la apreciación del dólar a nivel global.
Aunque no fue mencionada explícitamente en el informe, resulta difícil pensar que haya pasado inadvertida para el Banco Central. La divisa estadounidense ha continuado fortaleciéndose frente a las principales monedas en 2026: solo en marzo se apreció un 2.35 %, y en el primer trimestre acumuló un aumento de 1.7 %.
Un dólar fuerte opera como un impuesto invisible sobre las importaciones: obliga a la economía a generar más pesos para honrar sus compromisos externos. Este efecto se magnifica en el caso dominicano, donde la inmensa mayoría de las transacciones internacionales se realiza en moneda estadounidense.
En este escenario —donde el eco de la guerra se entrelaza con la firmeza del dólar— el país se ve compelido a realizar ajustes adicionales para mantener la inflación dentro del rango meta de 4.0 % ± 1.0.
La respuesta habitual combina varias herramientas: intervenciones cambiarias selectivas, subsidios —no siempre tan focalizados como sería deseable— y ajustes en la tasa de interés, si las circunstancias lo demandan.
No obstante, el Banco Central enfrenta límites. Una intervención excesiva en el mercado cambiario conlleva costos de esterilización que no pueden ignorarse. Por ello, la institución escoge por la prudencia: mantener la tasa sin variaciones o, llegado el caso, incrementarla como señal de contención.
Porque, al final, hay verdades que pesan como montañas: un dólar fuerte estrecha el margen de maniobra de la política monetaria, obligándola a elegir —casi sin titubeos— la estabilidad por encima del estímulo.