BC de Perú: la columna monetaria que no se inclina

Peru
Los vientos huracanados que, desde distintos frentes, han soplado sobre Perú —donde desde el año 2000 cuatro presidentes han sido destituidos o “vacados” por el Congreso bajo el ambiguo pretexto de “incapacidad moral permanente”— y han estremecido los cimientos del país, pero no han hecho tambalear la columna que sostiene el ejercicio independiente y responsable de la política monetaria. Esa columna permanece erguida, incólume, como faro de estabilidad en medio del vendaval.
No nació de la nada. Su origen se hunde en la tempestad de los años ochenta, cuando la hiperinflación azotó con furia los bolsillos y las esperanzas, y convenció a los peruanos de que había que empezar a hacer las cosas de otro modo. Eran tiempos en que los precios corrían más rápido que un misil y el salario se desmayaba antes de llegar al fin de mes.
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Las cifras, implacables y sinceras, narran la tragedia con voz de hierro: la inflación anual alcanzó cerca de 667% en 1988, se disparó a unos 3,400% en 1989 y se desbordó por completo en 1990, cuando en los primeros meses superó el 7,500% anual —algunas estimaciones la sitúan en 7,649%.
Aquel cataclismo fue el punto de quiebre que marcó el inicio del orden. Las reformas económicas y el programa de estabilización aplicados en agosto de 1990 pusieron fin al caos de los precios y dieron a luz, en 1991, una nueva moneda: el Nuevo Sol.
Para dimensionar el desastre que la precedió, basta un dato: esa moneda equivalía a mil millones de los antiguos soles, tras el fugaz paso del inti que había reemplazado al sol en 1985. No es exagerado decir que el dinero no dormía: amanecía más delgado cada día.
El programa de estabilización se edificó sobre cuatro pilares: la eliminación del financiamiento del déficit fiscal por parte del Banco Central, la reforma tributaria y la reducción del gasto público, la liberalización de precios y del tipo de cambio, y la reestructuración del sistema financiero.
En su segunda etapa, el Banco Central del Perú adoptó el esquema de metas de inflación, fijando un objetivo anual de 2% ±1 punto, comunicado de manera transparente al público. Fortaleció su credibilidad publicando reportes de inflación y minutas de política monetaria, mientras consolidaba la tasa de referencia interbancaria como su principal instrumento.
Los frutos de esa disciplina son notables: la inflación promedio anual ha oscilado entre 2% y 3%, una de las más bajas de América Latina. En los últimos veinte años, el sol peruano ha sido la moneda menos depreciada frente al dólar estadounidense en la región —solo un 5,5% desde el año 2000— y en 2025 se alzó como la más fuerte del continente.
Así, mientras los vientos políticos rugen con furia y los truenos del poder retumban, el Banco Central del Perú mantiene firme el timón del barco monetario, guiado no por pasiones partidarias, sino por la brújula serena de la técnica y la prudencia.