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Bolivia: el pulso del cambio y la inteligencia del pueblo en una elección

Rodrigo Paz

Rodrigo Paz

Mario Mendez
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Los últimos hechos en Bolivia han rimado con la inteligencia de su pueblo y con la fortuna.

La ciudadanía, entre las ofertas que se presentaron, eligió como presidente al candidato que mejor encarnaba la posibilidad de tejer las alianzas necesarias para conducir con éxito la transición desde un período que rozó los veinte años, durante el cual gobernó la ideología y la razón fue mirada con recelo.

La experiencia de los pueblos y los tratados de la historia sugieren que, por lo general, los grandes cambios estructurales logran consolidarse con mayor facilidad cuando su liderazgo se sitúa en el centro, lejos de los extremos. Mucho más —como ha ocurrido ahora en Bolivia— si ese centro posee una inclinación nítida hacia la derecha.

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“Capitalismo para todos” ha sido la consigna emblemática del candidato —hoy presidente— Rodrigo Paz.

Varias razones sustentan este fenómeno: al ser menos propenso a la polarización, el centro ofrece refugio en la moderación y la estabilidad; en cambio, la extrema derecha suele asociarse con el riesgo de rupturas indeseadas o incomprendidas. Además, el centro comparte con la derecha un lenguaje económico afín —como se ha visto en Bolivia con las fuerzas que respaldaron a Paz y a Jorge Quiroga—, y es más probable que la derecha ceda ante el centro sin que ello se interprete como traición, especialmente en temas como la disciplina fiscal, la inversión privada o la seguridad jurídica.

En su discurso de toma de posesión, Paz delineó el rumbo de transformación que Bolivia requiere para superar una realidad marcada por sucesivos y elevados déficits fiscales, el agotamiento de las reservas internacionales y una inflación que este año se prevé supere el 20%.

Convocó al pueblo a inaugurar una nueva etapa en la gestión pública, fundada en la meritocracia, la eficiencia y la transformación del Estado, dejando atrás el modelo de representación sectorial que predominó en las últimas dos décadas.

El nombramiento de su ministro de Economía y Planificación apunta en esa dirección: una palanca para mover al país.

No solo ha expresado su convicción de que el ajuste fiscal inicial debe orientarse al saneamiento de las finanzas públicas —corrigiendo ineficiencias, racionalizando el gasto y restituyendo la credibilidad del Estado—, sino que también ha afirmado que, en paralelo, el Gobierno abrirá las puertas de Bolivia al mundo, ofreciendo seguridad a todos los inversionistas, nacionales y extranjeros, para que sepan y confíen en que “las reglas con las que invierten serán las reglas con las que trabajen”.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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