Cambios en comercio que debemos seguir de cerca

Buque
Como la palabra dada es deuda que se honra cumpliéndola, he aquí nuestra entrega, prometida este martes, sobre el posible impacto de los aranceles en los flujos comerciales.
La sacudida que ha provocado la Administración Trump en la economía mundial, mediante cambios arancelarios históricos cuyo alcance se extiende prácticamente a todos los rincones del planeta, dará lugar, sin lugar a dudas, a una reorientación de esos flujos.
Con estas medidas disruptivas, que han elevado el arancel promedio de Estados Unidos del 2,5 % a alrededor del 20 %, la principal economía del mundo se ha convertido en una de las más protegidas entre los países desarrollados, marcando así un punto de inflexión en el comercio internacional.
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Naciones a las que Estados Unidos aplica aranceles muy por encima de la media , como India (50 %), Brasil (50 %) y China (30 %), por citar solo tres casos, podrían buscar otros mercados para colocar parte de las mercancías que antes enviaban a territorio estadounidense.
Este cambio en los flujos comerciales se produciría porque muchas empresas dependen de Estados Unidos como mercado clave o como eslabón esencial de sus cadenas de producción. Con aranceles tan elevados, productos que antes resultaban competitivos ahora se encarecerán, obligando a relocalizar procesos productivos o a explorar nuevos destinos.
Se trata de un tema del que apenas se habla en el país, pero al que debemos dar seguimiento para que sus eventuales impactos sobre la economía dominicana no nos tomen por sorpresa.
En principio, este redireccionamiento de los flujos comerciales podría tener un doble efecto: uno positivo, al menos en el corto plazo, consistente en que el aumento de la oferta de mercancías provoque una reducción de precios y, con ello, un mayor poder adquisitivo para los consumidores y otro negativo, derivado de la posible pérdida de competitividad de la producción local, lo que podría llevar a la quiebra a numerosas empresas. Esta situación debería regularse para evitar que nos convirtamos en un país exclusivamente consumidor y sin capacidad productiva propia.
Adicionalmente, la República Dominicana enfrenta el riesgo de que empresas radicadas en países sometidos a los aranceles más altos intenten utilizarla como “puente” para la triangulación comercial. Este sería el caso si dichas empresas enviaran sus mercancías a nuestro territorio para reetiquetarlas y reexportarlas a Estados Unidos como si hubiesen sido producidas localmente, beneficiándose así del arancel reducido del 10 % aplicado a nuestro país.
Permitir esta práctica podría acarrear sanciones para la nación.
Lo esencial es comprender que el entierro del libre mercado ya se ha consumado y constituye un hecho irreversible. El escenario actual da paso a mercados fragmentados y protegidos, frente a los cuales debemos estar preparados para afrontar sus inevitables secuelas.