Guardianes de la verdad Economía
Mario Mendez
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No por pretender dones de profeta, sino porque los datos del empleo en Estados Unidos han resultado tan deplorables que no dejan margen a otra alternativa, y porque solo un desprecio absoluto por la credibilidad de la Reserva Federal podría haber conducido a sus gobernadores por un sendero distinto, tras el error de haber permitido, por reacción tardía, que fuera el mercado quien dictara el giro monetario. Por ello consideramos inevitable lo ocurrido este miércoles: el recorte de las tasas de la Fed en 25 puntos básicos, con el camino abierto hacia reducciones adicionales, quizá sucesivas.

Este recorte, y los que le seguirán, son un bálsamo para la economía estadounidense, pues le otorgan fuerza para resistir la amenaza del estancamiento. También lo son para la economía dominicana, que encuentra en la norteamericana su mayor mercado para bienes y servicios, desde el turismo hasta las remesas, y que, además, atraviesa un año de ralentización. Un soplo de oxígeno monetario contribuiría a mantener encendida su vitalidad.

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De ahí que, al disiparse el riesgo de un ensanchamiento en la brecha entre la tasa de política monetaria doméstica y la de la Fed, esperamos que nuestro Banco Central siga la misma senda.

Sin embargo, para que los movimientos de tasas del Banco Central aumenten su caudal y se derramen con oportunidad y plenitud no tarde y de modo incompleto, sobre el terreno que ocupa el sistema financiero, conviene atender la recomendación que dejó la misión técnica del FMI en su reciente visita: fortalecer el mecanismo de transmisión monetaria, en respaldo a la normalización en curso de la política monetaria del Banco Central.

Así se reducirían las quejas habituales de los usuarios de servicios financieros, quienes denuncian que los ajustes de tasas del Banco Central no se reflejan en las que aplican los bancos. El propio gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, lo reconoció en enero de 2025, cuando, preguntado sobre por qué los cambios en la política monetaria no se trasladaban a los intermediarios financieros, respondió: “eso forma parte del rezago natural de la política monetaria, que puede tomar entre dos y hasta tres meses”.

Claro está, lograr mayor profundidad en la transmisión de la política monetaria exige transformar realidades del sistema financiero. Se han dado pasos, pero falta continuar y profundizar.

Los factores que limitan la transmisión son múltiples: la rigidez relativa de las tasas de préstamos, la dolarización parcial, con parte del crédito en dólares, los costos de fondeo bancario sujetos a depósitos a plazo con tasas fijas, la alta percepción de riesgo inflacionario futuro y la estructura poco competitiva del sistema financiero.

En particular, este último aspecto es crucial si no queremos seguir viendo a los banqueros dominicanos pasearse descalzos por jardines sin espinas ni colmillos, mientras en otras latitudes sus pares se ven obligados a atravesar selvas donde la competencia no acaricia, sino desgarra, y donde solo los más firmes sobreviven al zarpazo.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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