Marco institucional
¿En qué difiere la exportación nacional de la de ZF?
Las exportaciones de zonas francas solo retrocedieron de forma modera, mientras las nacionales narran una historia más irregular.

Las zonas francas no derraman su potencial transformador sobre industria local.
A lo largo del período 2019–2025, las zonas francas han exportado de manera sistemática entre 2.7 y 3.3 veces más que el resto del aparato exportador nacional.
Incluso, en 2020, cuando el choque de la pandemia sacudió el comercio global, las exportaciones de zonas francas solo retrocedieron de forma moderada —de 10,079.1 millones de dólares en 2019 a 9,844.8 millones— y mostraron una rápida capacidad de recuperación en 2021 y 2022, prolongando luego su expansión hasta alcanzar los 14,645.2 millones de dólares en 2025.
Las exportaciones nacionales, en cambio, narran una historia más irregular, marcada por vaivenes. Tras una leve contracción en 2020 —de 3,714.4 millones de dólares a 3,667.7 millones—, la caída se torna más profunda en 2023, cuando descienden de 4,272.4 millones a 3,590.5 millones.
El repunte observado en 2025, que las eleva de 3,990.7 millones a 5,458.0 millones de dólares, responde menos a una expansión estructural y más al viento favorable del ciclo de precios del oro.
Del análisis de estas cifras se desprende una conclusión clara: la estabilidad exportadora del país descansa, en mayor medida, sobre los hombros de las zonas francas.
Esta afirmación se refuerza, al observar la composición del total de las exportaciones de bienes. Mientras las zonas francas mantienen una participación que oscila entre 73 % y 77 %, las exportaciones nacionales aportan entre 23 % y 27 %. Esta estructura apenas se altera, incluso, en 2025, pese al repunte puntual de las exportaciones nacionales.
Las cifras revelan, además, una falta de convergencia: las exportaciones nacionales no logran cerrar la brecha con las zonas francas. Más aún, ponen en evidencia una diferencia en la calidad del crecimiento exportador. Las zonas francas exportan manufacturas y servicios integrados a cadenas globales de valor, aprovechan acuerdos comerciales con Estados Unidos, Unión Europea y acumulan aprendizaje, escala y previsibilidad.
Las exportaciones nacionales, de su lado, dependen en gran medida del oro —un commodity sujeto a ciclos—, presentan menor diversificación y están más expuestas a choques de precios internacionales y a costos internos.
Y quizá lo más relevante: ambos segmentos exportadores no operan como vasos comunicantes. Las zonas francas no terminan de irradiar su potencial transformador hacia la industria nacional. Funcionan como un laboratorio de competitividad cuyos aprendizajes, por ahora, no se derraman plenamente sobre el resto de la economía.
El resultado es una brecha persistente de capacidad productiva fuera del régimen de zonas francas, que hace de la dominicana una economía que avanza en dos ritmos y no siempre en la misma dirección.