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LUIS H. VARGAS
Caída de la Demanda de Consumo

La caída tendencial de la demanda de consumo en la economía de Estados Unidos se comprueba mediante la declinación de la variación de las ventas al detalle, en particular las correspondientes a las grandes tiendas de bienes mercantiles para individuos y hogares.

En octubre pasado del corriente 2007, las ventas a los consumidores apenas subieron 0,2% en el mes y 5,2% en doce meses con respecto a igual lapso de 2006, pese a que en años anteriores los incrementos anuales de tales ingresos brutos sobrepasaban con creces el 6,0%.

La mayoría de las famosas plataformas registraron en octubre de este año un decrecimiento de las ventas, tales como JC Penney: -1,8%, Gap: -8,0%, Limited: -6,0% y Nordstrom: -2,4%, mientras la minoría alcanzó un pequeño aumento gracias a la realización de una agresiva campaña de rebaja de precios y atención al cliente, en especial Wal-Mart: 0,4% y Target: 4,1%.

Esta constatación mercantil y empresarial de declive de la curva de las ventas detallistas, ocurrida en octubre, ha desatado prácticamente el pánico entre las grandes corporaciones orientadas a los consumidores, en razón de que en el último trimestre de cada año éstas apilan más del 50,0% de los ingresos y beneficios brutos, sobre todo por motivo de las cuantiosas compras familiares relacionadas con las festividades de fines de noviembre y diciembre.

La demanda consuntiva de las clases asalariadas y capas medias tiende a recular a causa de la subida de la tasa de ocupación laboral y la bajada de la renta real familiar, en una fase del ciclo de los negocios en que el crédito al consumo se agota, a raíz de la severa crisis económica y financiera que asola Estados Unidos y el mundo.

Entre 2006 y la fecha de hoy el número de trabajadores con seguro de desempleo ha brincado 8,31% a 339 mil de 313 mil casos, en tanto los cambios de los costos unitarios laborales han aminorado de 2,9% a -0,2%.

A medida que pasa el tiempo, la inmensa mayoría de las familias estadounidenses sufre la evaporización de su capacidad de compra de bienes y servicios de consumación, causada por la suba de la tasa de inflación y la baja de la tasa contratación de deuda.

El índice de precios al consumo no para de subir, a pesar de la cantaleta de control por parte de la Reserva Federal. En efecto, en el mes de octubre tal índice tabuló un incremento de 0,3% y en los últimos doce meses 3,5%, es decir mucho más que el 3,2% computado en 2006 y muchísimo más que el decretado como meta inflacionaria por la Reserva Federal: no más de 2,0%.

En esta poda de la capacidad de consumo de la familia, el disparo del precio del crudo y derivados sucedido en los anteriores doce meses ha jugado un papel estelar. Por ejemplo, de noviembre de 2006 a noviembre de 2007, el precio promedio de la gasolina se ha encaramado 37,0% a 3 dólares con 9 centavos por galón, comprimiendo en consecuencia la renta laboral.

Para colmo, la tasa de ahorro negativa de los consumidores bloquea la posibilidad de recurrir al crédito como remedio temporal a la expansión de la epidemia de la sub-consumación de masas que diezma la economía de Estados Unidos. La prueba radica en que las tarjetas de crédito, uno de los principales soportes de financiación del consumo personal y hogareño, se tambalean, dado que este tipo de adeudo describe un comportamiento decreciente; por caso, de agosto a septiembre del año en curso declara variaciones respectivas de 9,3% y 4,4%.

economiaamericana@gmail.com

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