Guardianes de la verdad Economía
Mario Mendez
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Así como resultaría improcedente que ciertos sectores pretendan condicionar la discusión de la reforma laboral a la adopción previa de sus posiciones particulares, sin que estas pasen por el tamiz del diálogo y la negociación; también lo sería que otros cierren toda posibilidad de abordar aspectos esenciales de esa reforma, antes siquiera de debatirla.

Mucho más aún, cuando, por un lado, hemos convivido durante décadas con la realidad de que más de la mitad de los trabajadores se mantienen en la informalidad y, por el otro, habiendo unanimidad, convertida en compromiso, de que los derechos adquiridos de los trabajadores no se pondrían en juego con la negociación para la construcción de nuevas reglas laborales.

Una reforma laboral que aspire a ser legítima y sostenible debe nacer del intercambio franco para remover todos los cimientos del Código Laboral y construir uno nuevo que responda a los dinámicos mercados de hoy.

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Y si la cruda realidad de tener un código que no es amigable con la formalidad y con una dinámica generación de empleos de calidad no resulta suficiente, entonces busquemos la luz que brota de diferentes estudios que comprueban la correlación entre altos costos, junto a altas rigideces y un mercado laboral poco dinámico e informal.

Un estudio del BID, titulado Empleos para crecer, estima que en América Latina y el Caribe formalizar cuesta alrededor del 39 % de lo que el trabajador produce (los costos incluyen salario, cotizaciones y prestaciones), lo que desalienta la contratación formal.

Ese estudio, que es un diagnóstico detallado sobre los mercados de trabajo en la región, establece que los costos salariales y no salariales, en relación a la productividad, son un 50 % más altos en la región que en el promedio de los países de la OCDE.

Asimismo, otro estudio para la región del Banco Mundial concluye en que las rigideces laborales se asocian con una menor creación neta de empleo, mientras que una mayor flexibilidad regulatoria tiende a impulsarlo. Las normas sobre contratación y despido, advierte, influyen directamente en la decisión empresarial de crear puestos formales.

Asimismo, investigaciones del FMI y de otros organismos internacionales muestran que los mercados laborales con alta informalidad y regulaciones rígidas tienden a ajustar el empleo con mayor lentitud y a sufrir efectos adversos sobre el crecimiento a mediano plazo.

El panorama se agrava para las pequeñas empresas, más vulnerables al peso de los costos de cumplimiento. Informes del BID, Banco Mundial y estudios sobre pymes confirman que estas tienen menos margen para absorber cargas laborales fijas y regulaciones complejas. Por tanto, los costos de contratación y formalización impactan con mayor fuerza en sus decisiones.

Superar esa trampa exige estrategias de formalización que combinen la reducción de costos con reformas estructurales.

Y para lograrlo, será necesario dejar atrás el miedo: el miedo a perder pequeñas certezas, de dudoso beneficio, para alcanzar las grandes conquistas que el progreso —ese otro nombre de la dignidad humana— reclama.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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