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Giro

Más inventos y menos tesis y monográficos

La lógica del proceso debe ser clara: primero, competencias básicas; luego, competencias técnicas; y finalmente, la posibilidad de escalar hacia la innovación aplicada.

Menos tesis y monográficos

Menos tesis y monográficos

Mario Mendez
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El éxito de la economía china tiene múltiples explicaciones. Aquí nos detendremos en una en particular: una educación orientada a formar los recursos humanos necesarios para producir.

En este ámbito, China ha hecho mucho bien, pero sigue mostrando una ambición clara por hacerlo aún mejor. Prueba de ello es la reciente introducción de los llamados PhDs prácticos: doctorados que no se conceden por la elaboración de una tesis tradicional publicada como artículo académico, sino por logros tecnológicos verificables y productos concretos que resuelven problemas reales en los sectores industrial y de ingeniería.

Este nuevo enfoque pone el acento en la creación de soluciones y desarrollos tecnológicos directamente aplicables, como prototipos, técnicas industriales o sistemas utilizados en grandes proyectos de infraestructura.

China puede apostar por doctorados prácticos porque cuenta con una educación básica y media sólida que los sustenta. No es nuestro caso. En el país persisten brechas profundas en comprensión lectora y matemáticas básicas, una educación media débilmente articulada con la técnica y la producción, y universidades que con frecuencia se ven obligadas a compensar déficits previos en lugar de profundizar el conocimiento. A esto se suma que China tiene un ecosistema productivo plenamente conectado.

No se debe dar un giro educativo de esta naturaleza sin una reforma. El primer paso debe ser la alineación de la educación básica. Entre las medidas necesarias se incluyen la reducción de la dispersión curricular, el aumento de horas efectivas en lengua y matemáticas —con menos contenidos decorativos—, la implementación de evaluaciones diagnósticas obligatorias y públicas (no punitivas), una formación docente centrada en enseñar a pensar y no solo a transmitir contenidos y la introducción temprana de la resolución de problemas desde la primaria, a partir de casos simples y cotidianos. De forma paralela, debe superarse la histórica falta de articulación entre educación, técnica y producción.

La lógica del proceso debe ser clara: primero, competencias básicas, luego, competencias técnicas y finalmente, la posibilidad de escalar hacia la innovación aplicada.

El siguiente paso es la transformación de la educación media. Aquí resulta crítica la implementación de una doble vía real —no simbólica—: la académica y la técnico-productiva, ambas con prestigio social, sin que esta última sea vista como una opción de segunda categoría.

El principio rector de la educación media debería ser aprender haciendo. Los estudiantes trabajarían en proyectos obligatorios en áreas como energía, agua, construcción, turismo, logística y tecnología básica. La evaluación se basaría en soluciones funcionales, no únicamente en exámenes escritos.

Para fortalecer este proceso, los estudiantes obtendrían certificaciones acumulables, de modo que pudieran egresar con bachillerato, certificación técnica y experiencia práctica debidamente documentada. Esto permitiría construir la base humana necesaria para sostener una innovación aplicada de calidad.

En cuanto a la educación universitaria y los posgrados, el giro chino podría explorarse, pero solo mediante proyectos piloto y una vez que los pasos anteriores estén encaminados. Podría iniciarse con maestrías profesionales y doctorados aplicados en áreas estratégicas y priorizadas.

La evaluación, en estos casos, estaría basada en patentes, prototipos, soluciones implementadas o impactos económicos y sociales medibles. Esto exigiría alianzas reales y sostenidas entre universidades, empresas y el Estado.

De lo que se trata, en definitiva, no es de imitar el modelo chino, sino de aprender de su secuencia: primero una base sólida, luego formación técnica y, finalmente, innovación.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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