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¿Llegó para quedarse el mayor flujo de dólares?

Han cedido las viejas presiones de la demanda insatisfecha o la escasez de oferta de divisas.

Seguir interviniendo en el mercado de divisas podría elevar el costo de esterilización.

Seguir interviniendo en el mercado de divisas podría elevar el costo de esterilización.

Mario Mendez
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Una auténtica avalancha de divisas se derrama sobre América Latina —incluida la República Dominicana—, provocando un cambio que algunos creen que podría tener carácter estructural en el mercado cambiario. Ya no son las viejas presiones de la demanda insatisfecha o la escasez de oferta las que empujan a la depreciación de las monedas. Esta vez, la historia se escribe al revés: es la abundancia la que marca el compás, y su empuje conduce a la apreciación.

Los hechos parecen confirmarlo. En 2025, la apreciación promedio de las monedas latinoamericanas rondó el 6%, dibujando un mapa regional donde casi todas las divisas avanzaron con inusitada firmeza.

Algunos casos resultan especialmente elocuentes: el guaraní paraguayo se apreció un 18.5%, el peso colombiano, un 16.6%, el peso mexicano, un 15.6%; el peso uruguayo y el real brasileño, ambos un 12.8%, el sol peruano, un 11.2%, el peso chileno, un 10.8% y el colón costarricense, un 2.6%. En líneas generales, esta tendencia ha continuado su curso durante lo que va de 2026, como un río que, lejos de menguar, mantiene su caudal.

En Costa Rica, el viraje ha llevado al banco central a hacer, desde el pasado 19 de febrero, algo que no hacía en una década: intervenir en el mercado cambiario para contener una caída histórica del tipo de cambio. Y es que, como consumidores, todos preferimos un tipo de cambio bajo; resulta más amable al bolsillo. Sin embargo, la buena administración del mercado cambiario exige algo más que popularidad: requiere equilibrio. Un tipo de cambio excesivamente bajo puede erosionar la competitividad de quienes generan divisas, mientras que uno elevado presiona los precios internos. Entre esos dos extremos, el regulador debe sostenerse con firmeza, como quien mantiene el equilibrio sobre una cuerda tensa, si aspira a garantizar un crecimiento económico sostenible.

En la República Dominicana, la mayor oferta de dólares no se tradujo en una apreciación durante 2025 porque el banco central intervino con oportunidad, aprovechando el momento para acumular reservas. El peso se depreció un 4% ese año. Sin embargo, en el tramo inicial de 2026, ya acumula una apreciación del 5%.

Ahora bien, para que la gestión sea verdaderamente exitosa, no basta con intervenir a tiempo: también es crucial saber retirarse. No conviene permanecer demasiado ni retirarse demasiado pronto. El mismo pulso que sostuvo el valor de la moneda debe reconocer el instante preciso en que conviene soltarla, pues sostenerla tiene un costo.

¿Por qué fue acertado intervenir en 2025? Para evitar una apreciación prematura, preservar el anclaje de las expectativas y, no menos importante, aprovechar una coyuntura de abundancia para fortalecer las reservas internacionales.

¿Y por qué podría ser prudente, en 2026, retirar o dosificar la intervención? Porque lo que antes parecía coyuntural ha adquirido visos de permanencia, y persistir en la intervención podría enviar señales equívocas a la economía. Además —y este es un punto crucial— existe un costo de esterilización que no puede ignorarse: para contener la inflación, el banco central debe retirar los pesos emitidos al comprar dólares, lo que implica el pago de intereses y un aumento de los costos cuasi-fiscales.

En otras palabras, lo que en 2025 era una intervención manejable, en 2026 podría transformarse en una carga creciente y cada vez menos justificable.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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