El oro
El peso del oro en la balanza exportadora
Las cifras revelan que el oro actúa como el motor del crecimiento exportador nacional; el resto del aparato productivo acompaña de forma irregular y tímida.

El oro se ha constituido en el motor de las exportaciones nacionales.
La elevada incidencia que ha venido teniendo el oro dentro de las exportaciones nacionales revela que el reciente buen desempeño exportador del país responde más a un ciclo favorable de los precios del metal que a una fortaleza estructural del sector.
El oro ha representado el 40 % del valor de las exportaciones nacionales en 2019, 46 % en 2020, 38 % en 2021, 31 % en 2022, 48 % en 2023, 37 % en 2024 y 44 % en 2025. En otras palabras, entre un tercio y casi la mitad de las exportaciones del país descansan sobre un producto de naturaleza extractiva, altamente volátil y expuesto a los vaivenes del mercado internacional.
El año 2023 resulta particularmente ilustrativo: mientras las exportaciones nacionales se contraen con fuerza —al pasar de 4,272 a 3,590 millones de dólares—, las exportaciones de oro crecen de 1,322.4 a 1,727.6 millones.
Sin embargo, ese avance no fue suficiente para compensar la caída del resto de los bienes exportados, dejando al descubierto la fragilidad del conjunto.
Un contraste se observa en 2025, cuando las exportaciones nacionales registran un salto significativo, de 3,990 a 5,458 millones de dólares. En ese año, el oro realiza su mayor aporte del período, con exportaciones por 2,383 millones, explicando por sí solo el 62 % del crecimiento total. El metal precioso vuelve así a erigirse como el gran sostén del resultado agregado.
En cambio, el resto de las exportaciones nacionales muestra un desempeño más errático: crecimientos modestos, retrocesos recurrentes y dificultades para sostener una trayectoria clara de expansión. No sorprende, entonces, que mientras el crecimiento acumulado de las exportaciones de oro alcanza el 61 %, el de las exportaciones nacionales en su conjunto se limite al 38 %.
En términos reales —ajustados por la inflación internacional—, las exportaciones no mineras se aproximan peligrosamente al estancamiento.
De este modo, el oro actúa como el motor del crecimiento exportador nacional, el resto del aparato productivo acompaña de forma irregular y tímida, encontrando en el metal un amortiguador más que un reflejo de dinamismo propio. La balanza avanza, pero teniendo su mayor apoyo en un solo pilar.
Esta realidad sugiere la necesidad de profundizar la competitividad, la diversificación productiva y el acceso efectivo a nuevos mercados. La agenda exportadora debería poner un mayor énfasis en el impulso a la agroindustria, al fortalecimiento de la manufactura local con valor agregado y al desarrollo de servicios exportables fuera del régimen de zonas francas, para que el crecimiento deje de depender del brillo volátil del oro y repose sobre bases más amplias y duraderas.