Pongamos atención a Intel en Costa Rica para evitar sorpresas

intel-costa-rica_2073813737_760x520
El sorpresivo cierre de la planta de ensamblaje de la multinacional tecnológica Intel en San Antonio de Belén, Costa Rica, debe alertarnos. Hemos visto arder la barba de nuestro vecino, y nos corresponde, con prudencia, poner la nuestra en remojo.
Y no es para menos. Justo cuando apostamos por aprovechar la migración de inversiones de alto valor desde Asia hacia nuestra región, en el marco de la denominada relocalización de empresas, este giro en la marea se antepone a los esfuerzos que ha venido haciendo el país para capitalizar esas oportunidades nos obliga a redoblar los esfuerzos y remar a contracorriente, pues donde antes bastaba con dejarnos llevar por la corriente favorable, ahora se impone avanzar con firmeza y estrategia para seguir siendo un destino atractivo para esas inversiones.
Puede leer: ProCompetencia y Comedores Económicos fortalecen lucha contra prácticas anticompetitivas
No debemos perder de vista que, cuando una multinacional decide invertir en un país, no sólo evalúa sus condiciones internas, sino también el entorno regional. La decisión de Intel podría, por tanto, hacernos perder brillo. Más aún si consideramos que Costa Rica nos lleva ventaja en dos aspectos clave para atraer ese tipo de inversión: capital humano altamente calificado y un ecosistema de innovación más maduro.
Todo indica que esas fueron precisamente las razones que inclinaron la balanza a favor de Malasia y Vietnam como nuevos destinos para las operaciones de Intel. Así lo percibe Luis Adrián Salazar, exministro costarricense de Ciencia y Tecnología, quien destaca que la región asiática lleva más de cinco décadas fortaleciendo su industria de semiconductores a través de inversión e innovación constantes .Sobre Vietnam, señala que ofrece mano de obra calificada a bajo costo, una fuerza laboral joven y una creciente capacitación en ingeniería y tecnología. “Existe un compromiso importante del Gobierno vietnamita, especialmente en el desarrollo de la industria tecnológica mediante incentivos fiscales, zonas económicas especiales y facilidades para la inversión”, puntualiza.
En el caso de Malasia, subraya que “tiene más de 50 años de experiencia en la industria de semiconductores, en áreas como pruebas, ensamblaje y empaquetado. Cuenta con una región muy destacada, conocida como el Silicon Valley de Asia: Penang”. Y añade: “Ha desarrollado un ecosistema maduro, en el que convergen profesores, universidades y centros de investigación. La articulación entre sector público, privado y académico ha sido esencial”.
Salazar es aún más tajante al advertir que Costa Rica, que, recordemos, mantiene una posición más ventajosa que la nuestra en formación de talentos y ecosistema de innovación, —debe actuar en tres frentes urgentes: “Uno, asegurar la permanencia de la inversión extranjera con base en el talento local. Dos, fomentar el emprendimiento que permita generar investigación y desarrollo de empresas originadas en Costa Rica. Y tres, fortalecer las empresas ya existentes para que hagan una transición hacia un modelo tecnológico-digital más eficiente, o bien se tecnifiquen”. Desde cualquier ángulo que se observe, la salida de Intel constituye un golpe de realidad que debe llevarnos a reconocer que, contrario a lo que algunos creen, no estamos cerca de la meta: apenas hemos comenzado a escalar la montaña.