Reto del presidente Bolivia Rodrigo Paz

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Después de una noche de pesadillas que duró casi 20 años, se ha producido un cambio de gobierno en Bolivia, que se espera sea también un cambio de gestión y de gerencia, para que ese país pueda disfrutar de un sereno y claro amanecer.
El desafío, sin embargo, es grande, pues el virtual presidente electo Rodrigo Paz hereda un país exhausto y un fisco patas arriba. Las cifras no hablan de certezas, sino de grandes desequilibrios que siembran incertidumbre: el déficit fiscal en Bolivia fue de 6.94% del PIB en 2015, pasó a 7.24% en 2016, a 7.86% en 2017, a 8.17% en 2018, a 7.2% en 2019, a 12.72% en 2020, a 9.3% en 2021, a 7.12% en 2022, a 9.7% en 2023 y a 10.6% en 2024.
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Así pues, quienes condujeron la política fiscal bebieron del río sin pensar que el cauce se agota. Como resultado, las reservas internacionales de Bolivia, un país con abundantes recursos, sobre todo mineros, pasaron de haber superado los 15,000 millones de dólares en 2014 a quedar reducidas a unos 2,000 millones de dólares en la actualidad, de los cuales solo unos 150 millones son reservas líquidas, es decir, divisas.
Esto ha provocado que en el mercado cambiario no aparezca un dólar ni para comprar un remedio.
Y como siempre ocurre cuando se producen estos desaciertos, la situación le ha pasado factura a la población, atrapada en una hoguera de precios. La tasa de inflación superará con creces el 20% en 2025.
Además, la sociedad paga el precio de una economía estancada.
Ahora toca a Paz y a su equipo administrar el exiguo caudal con sabiduría, prudencia y determinación, para convertir el gasto en semilla y no en torrente. Y no podrían hacerlo solos: es una tarea que requiere concertación con fuerzas dispuestas a comprometerse con la estabilidad y el crecimiento. Solo el acuerdo afinaría la melodía del equilibrio.