Guardianes de la verdad Economía
Mario Mendez
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El anuncio de que Estados Unidos se encamina a imponer sanciones comerciales a Nicaragua —tras una investigación que concluyó que el Gobierno de ese país centroamericano, miembro del DR-Cafta, incurre en violaciones graves a los derechos laborales, los derechos humanos y al Estado de derecho— abre la puerta, sin que lo hayamos buscado, a nuevas oportunidades para República Dominicana en el principal mercado del mundo.

Si respondiéramos únicamente desde la sensibilidad, ese anuncio —emitido por la propia voz de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos— podría colocarnos en una posición incómoda ante la adversidad de un país socio y hermano.

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Pero en cuestiones de mercado, la razón es quien debe llevar el timón. Y aunque duela el origen del viento que infla nuestras velas, no es sensato rehusar la puerta que se abre para fortalecer nuestro bienestar, aun si fueron impulsadas por manos ajenas y la adversidad que las provoca resulte justa o inmerecida. República Dominicana no ha pedido el empuje que esas sanciones podrían brindar a sus exportaciones, pero si la corriente favorece, el deber es navegar, sin olvidar a quien quedó atrás luchando contra el oleaje.

Una revisión del comercio entre República Dominicana y Nicaragua nos arroja luz: ambos países compiten en el mercado estadounidense en diversos productos, especialmente en textiles —prendas de vestir—, tabaco y sus manufacturas, carne, electrónicos y plásticos.

En 2024, las exportaciones dominicanas hacia Estados Unidos alcanzaron aproximadamente US$7,620 millones: US$1,540 millones en aparatos ópticos, fotográficos, técnicos y médicos; US$1,140 millones en equipos electrónicos; US$1,000 millones en tabaco y manufacturas de tabaco; US$482.6 millones en artículos de vestir de punto; y US$435.5 millones en plásticos.

Por su lado, Nicaragua exportó hacia Estados Unidos US$3,640 millones en 2024. Sus principales renglones fueron: US$1,230 millones en prendas de vestir, US$815 millones en metales preciosos y piedras, US$370.8 millones en tabaco y sus manufacturas y US$326.4 millones en carne y despojos comestibles.

Estas cifras muestran que, si se producen cambios en los costos, en las condiciones de acceso comercial o en las ventajas logísticas —como ya ocurre con el arancel de 18% impuesto por la Administración Trump a las exportaciones nicaragüenses, muy superior al 10% aplicado a las dominicanas—, dichos cambios inclinarían la balanza hacia nuestro país en aquellas líneas donde podamos ocupar los espacios que Nicaragua deje en el mercado estadounidense. Y, al mismo tiempo, podrían herir la competitividad de los productos de la patria de Diriangén.

Así es este juego de mareas: bendiciones que caen de un cielo nublado, agradecidas en la palma, aunque el corazón tiemble por su origen.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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