Guardianes de la verdad Economía
Mario Mendez
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Algunos mantienen el prejuicio infundado de que las finanzas de las empresas, por el simple hecho de serlo, lo resisten todo. Y esto no es cierto ni para las grandes ni para las medianas, y mucho menos para las micro y pequeñas.

No lo es porque sostener una empresa es, en muchos casos, una tarea que conduce al agobio. Y lo es aún más cuando se arrastran cargas laborales pesadas, como la cesantía, que si bien busca proteger al trabajador ante un despido, se convierte en una espada de Damocles para las empresas.

En el caso de las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), el impacto es aún mayor, lo que explica que muchas recurran a la informalidad laboral. Y no estamos hablando de un sector menor, sino del principal empleador del país.

Puede leer: República Dominicana es el séptimo país más dependiente de la inversión de EE.UU.

Según datos relativamente recientes de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), las Mipymes representan aproximadamente el 98 % del total de las empresas, aportan cerca del 32 % del Producto Interno Bruto (PIB) y generan el 61.6 % del empleo. Dentro de este conjunto, las microempresas constituyen la base del tejido empresarial, con un 86.8 % del total.

Sin embargo, los ingresos de muchos microempresarios apenas superan, o incluso igualan, los de los trabajadores que emplean, a pesar de que suelen laborar sin límites de horario, tanto en tareas operativas como en labores de gestión.

Tanto es así, que muchos se ven forzados a destinar parte del capital del negocio a cubrir gastos personales. De hecho, se estima que alrededor del 75 % de las microempresas no logra superar los tres años de operación, y la falta de separación entre las finanzas personales y empresariales es una de las causas más frecuentes del fracaso.

En ese contexto, la cesantía, tal como está concebida actualmente, añade un peso adicional a esa carga. Representa un pasivo acumulativo que crece con el tiempo, afecta la capacidad de inversión, limita la contratación y pone en riesgo la sostenibilidad del negocio, sobre todo en el caso de las micro y pequeñas empresas.

Por eso, si ya la cesantía representa un desafío para las grandes empresas, cuya capacidad de resistencia es mayor, el drama que significa para las más pequeñas debería impulsarnos a realizar los cambios necesarios , sin que implique necesariamente su eliminación, para garantizar una justa protección al trabajador sin debilitar la solvencia empresarial.

Hay reclamos que, por la fuerza y la constancia con que se expresan, dejan de ser simple voz para convertirse en latido. Tal parece ser el caso del llamado a revisar el régimen de cesantía, no para restarle derechos al trabajador, sino para devolverle al tejido empresarial la solvencia vital que le permita crecer, generar empleo y abrir caminos hacia la formalidad.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

tracking