Ecuador: Correa debe echar un vistazo a las lecciones de la historia

Poderosos intereses velados dejarán al nuevo presidente aislado y débil cuando asuma el cargo en enero escribe Hal Weitzman En Guayaquil
Si la historia reciente de Ecuador sirve como guía, los presidentes suelen terminar sus mandatos en una posición desesperadamente débil: luchando contra un Congreso hostil y enfrentando manifestaciones callejeras, los tres últimos líderes electos han sido sacados del cargo antes de tiempo.

Puede que Rafael Correa haya triunfado en la segunda vuelta electoral del domingo, pero empezará su mandato el 15 de enero, en una posición más aislada y débil que cualquiera de sus tres predecesores.

Esto le dificultará extremadamente a Correa emular a su amigo Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, o al boliviano Evo Morales, otro aliado de Chávez en otro país andino que combate contra intereses políticos y económicos muy enraizados.

Su obstáculo mayor es probable que sea la legislación recientemente elegida: mientras que  los partidos gobernantes en Venezuela y Bolivia tienen una fuerte representación en el Congreso, Correa enfrenta una legislatura controlada por sus opositores.

La Alianza País del presidente electo no presentó ningún candidato. Mientras que esto ayudó a su popularidad, en un país donde la legislatura está muy desacreditada, significa que ningún diputado le debe el puesto a Correa, y ninguno será incondicionalmente leal.

Por el contrario, el mayor bloque está bajo el control de Álvaro Noboa, su rival derechista. Su continua negativa ayer a aceptar que había perdido la carrera indica que no está en disposición de colaborar.

La segunda facción en importancia la lidera Lucio Gutiérrez, el ex presidente sacado del puesto el año pasado por medio del movimiento de protestas en las calles que constituye el centro del respaldo a Correa. Junto al derechista partido Social Cristiano, estos grupos tienen mayoría en el Congreso. Correa proyecta establecer una asamblea para reescribir la constitución, un órgano que tendría más poder que la legislatura. “Necesitamos una reestructuración fundamental del Congreso”, dijo la noche del domingo, añadiendo que su victoria “envía un mensaje claro a los políticos tradicionales sobre el deseo de un cambio profundo”.

Pero es probable que el congreso se resista al establecimiento de una asamblea rival. “La constitución sencillamente no permite que el presidente haga eso”, dijo Gutiérrez.

Al mismo tiempo, la victoria de Correa tuvo tanto que ver con el rechazo a Noboa como con el apoyo a la “revolución de los ciudadanos”. Noboa lideró las encuestas durante buena parte de la carrera, pero en la medida que se acercaba el día de la votación, los electores parecieron temer que el multimillonario bananero utilizara el gobierno para promover más sus intereses empresariales.

Correa también suavizó su retórica las últimas semanas, en particular el anti-norteamericanismo que había caracterizado su lenguaje antes de la primera ronda del mes pasado. Los votantes que se acercaron a él después del cambio actuarán como sus supervisores en el cargo.

Los indicios tempranos son de un nivel bastante elevado de abstencionismo y boletas echadas a perder, lo que implica que el mandato real de Correa puede ser menos elogioso de lo que sugirió su victoria en no menos de 17 de las 22 provincias y el 565 de los votos válidos que aseguró.

La popularidad presidencial tiene la tendencia a decaer en Ecuador y el señor Correa pudiera ver en un corto tiempo que su ventana para actuar se ha cerrado.

El presidente electo carece de experiencia política, aparte de una leve actuación como ministro de Finanzas el año pasado. Es probable que se rodee de colegas de confianza, como Ricardo Patiño, quien sirvió como su segundo en el Ministerio de finanzas, y quien es probable que sea el ministro de ese ramo en enero.

En las últimas semanas, Correa se ha comparado como un similar de Gutiérrez, quien fue elegido a partir de una plataforma de izquierda, pero que cambió rápidamente por un programa pro-Estados Unidos, y pro-libre mercado.

Sin embargo, Correa podría ser capaz de poner en efecto sus planes de expandir el gasto público, gracias a una buena dosis de suerte: Ecuador, el segundo mayor exportador sudamericano de crudo hacia EEUU está disfrutando del “boom” de los precios del petróleo. También el país se está beneficiando de un régimen de bajas tarifas con EEUU, un acuerdo que parece probable que se extienda.

La nueva administración pudiera reestructura o cesar los pagos de la deuda de Ecuador -tal como el propio Correa indicó que haría- sin consultar al congreso. Pero para hacerlo equivaldría a aumentar los riesgos con la legislatura, precipitando con ello, posiblemente, un voto de censura.

Si, de manera alternativa, Correa opta por el diálogo en lugar de la confrontación, es probable que su programa se vea comprometido con la necesidad de cerrar acuerdos con sus enemigos políticos en el Congreso.

Parece probable que su programa o bien se reduzca o diluya hasta el punto de ser irreconocible. Esta es la opción inevitable que Correa estará considerando, mientras se toma un descanso después de meses de campaña, durante unas vacaciones en las Islas Galápagos.

VERSION: IVAN PEREZ CARRION