Ecuador se cansó de sus políticos

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POR JUAN BOLÍVAR DÍAZ
El descrédito de los políticos y de la justicia más una profunda crisis económica, fruto en gran parte de escandalosas quiebras bancarias, determinaron esta semana la caída del gobierno de Lucio Gutiérrez en Ecuador, sembrando graves interrogantes sobre la viabilidad de esa nación que ha tenido cinco presidentes en los últimos ocho años, cuatro de los cuales fueron derrocados por las protestas populares.

La indignación y el cansancio de la población frente a las constantes burlas del sistema político se resume en la consigna “que se vayan todos”, mientras un cronista asegura que la pregunta que más se escuchaba tras la destitución de Gutiérrez es cuánto tiempo durará Alfredo Palacio, su sucesor.

Con más del 62 por ciento de su población bajo niveles de pobreza, desempleo y subempleo del 80 por ciento, y una desesperanza que ha expulsado del país en la última década a más del 10 por ciento de su población económicamente activa, Ecuador es un espejo en que deberían verse las fuerzas políticas dominantes en América Latina.

Sin novedad en el frente

La caída el jueves 20 del presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez no es ninguna novedad. Es el segundo que más tiempo ha durado, 26 meses, de los últimos 5 que había tenido Ecuador, desde la juramentación de Abdalá Bucarám el 10 de agosto de1996. Este apenas se mantuvo en el poder durante 5 meses y 27 días, hasta el 7 de febrero de 1997. Le siguió por año y medio Fabián Alarcón. Jamir Mahuad registró un año y 5 meses, y Gustavo Noboa, quien se aproximó a los tres años, del 22 de enero del 2000 al 15 de enero del 2003.

A diferencia de lo que había ocurrido en la historia ecuatoriana como en la latinoamericana, estos gobiernos no han caído víctimas de golpes de estado militares, sino de intensas revueltas, protagonizadas por los movimientos populares, y esta vez particularmente por parte de las clases medias urbanas.

Bucarám fue destituido por el Congreso en febrero de 1997, tras un levantamiento popular, bajo cargo de “incapacidad mental para gobernar”. Alarcón organizó elecciones que llevaron al poder a Jamil Mahuad en agosto de 1998.

Los indígenas protagonizaron una insurrección denunciando sus graves exclusiones en medio de una crisis, complicada tras la dolarización de la economía ecuatoriana. En ese marco el entonces coronel Lucio Gutiérrez depuso el gobierno y el vicepresidente Gustavo Noboa gobernó hasta enero del 2003, cuando asumió Gutiérrez, tras ganar unas elecciones en las que en primera vuelta apenas alcanzó el 20 por ciento del sufragio.

Vale advertir que Gutiérrez apenas alcanzó en primera vuelta el 20 por ciento de los sufragios. Otros cuatro candidatos obtuvieron sobre el 13 por ciento, lo que indica ya una falta de credibilidad de los ecuatorianos en sus líderes políticos. Por demás el 34 por ciento no votó.

“Lo que pasa en Ecuador es que hay elecciones pero nadie cree en las instituciones; es una especie de caos institucional permanente¼ Lo que hay es una clase política con mucha corrupción, con muchas ambiciones, y un ejército que se queda un poco de lado. Así que será muy difícil traer una conclusión a esta crisis”, sostiene Alfredo Vadalao, catedrático del Instituto de Estudios Políticos de París, entrevistado por BBC Mundo.

Gobierno tras gobierno se instituyen, por elecciones o por revueltas populares, levantando las promesas de redención, pero una vez se instalan tropiezan con una realidad difícil de manejar, se acomodan a los intereses creados y pronto se corrompen abonando la insatisfacción popular.

Agotan los primeros meses en políticas de estabilización recomendadas por el Fondo Monetario Internacional, que a su vez se traducen en restricciones de políticas sociales, elevación de precios y de impuestos que corroen el apoyo popular y preparan el terreno para nuevos estallidos sociales.

LA DEUDA ACUMULADA

Es que la deuda acumulada con los sectores excluidos es muy grande y ha pasado por demasiado renegociaciones, especialmente cuando se trata de las comunidades indígenas y campesinas de los países andinos y centroamericanos.

Lucio Gutiérrez ha sido el octavo presidente que se ve forzado a dejar el poder desde 1997, en promedio a uno por año, entre Ecuador, Perú, Argentina y en Bolivia, donde en los últimos meses vuelven a sonar tambores de guerra.

La deuda social ecuatoriana es más grave, porque persiste la inestabilidad pese a ser una nación exportadora de petróleo en un período de precios tan altos. El año pasado registró un crecimiento económico del 6 por ciento solo superado por Venezuela, precisamente el mayor exportador petrolero del continente.

La crisis económica ecuatoriana se gestó en los finales de la pasada década como consecuencia de la caída de los precios del petróleo, que en 1998 estuvieron por debajo de 10 dólares el barril, generaron cuantiosos déficits fiscales, por la guerra de 1995 con el Perú que disparó el gasto militar, escandalosas quiebras bancarias y los graves daños ocasionados por las inundaciones del fenómeno natural conocido como El Niño.

Fueron 17 los bancos que quebraron en Ecuador entre 1995 y 2002, generando una enorme corrida de divisas hacia el exterior y dejando en la calle a millares de personas y pequeñas empresas. Lo invertido por el Estado en el salvataje bancario nadie puede precisarlo, pero un estudio de Ruth Plitman Pauker, sobre la crisis bancaria ecuatoriana atribuye al diario El Comercio un estimado de entre 3 y 6 mil millones de dólares.

Las causas de esas quiebras no fueron para nada novedosas. La autora dice que los bancos utilizaron las agencias “off shore” para sacar capital al exterior y evadir impuestos. Y asómbrense: “Lo más crítico fue, tal vez, que se permitió dar crédito a empresas vinculadas con el respectivo banco. El resultado fue un incesto en la aprobación de los créditos con muchas empresas fantasmas”.

La autora citada sostiene que en algunos casos las quiebras bancarias fueron fruto de la crisis económica, pero en muchos “era demasiado grande la corrupción, la aprobación de préstamos a empresas propias o vinculadas, especulación e irresponsabilidad. Muchas empresas que aún mantenían deudas con bancos quebrados, no fueron obligadas a pagarlos. Empresas pertenecientes a bancos quebrados fueron separadas del patrimonio bancario. Los bancos no pagaron nada o muy poco por los daños causados por ellos y el intento de salvataje”.

La dolarización de la economía introducida en el 2000 por el presidente Jamil Mahuad, cuya campaña electoral fue financiada por algunos bancos, acabó con su gobierno pero también con la economía de la clase media y disparó una huida al exterior que ha representado más del 10 por ciento de la población económicamente activa. Se estima que sólo a España emigraron 500 mil ecuatorianos en esos años, hasta que les cerraron las puertas.

RECHAZO A LA IMPUNIDAD

El gobierno de Mahuad cayó hace 5 años por la impunidad frente a los banqueros y el de Gutiérrez, ahora por la impunidad frente a los políticos. En diciembre pasado el presidente decretó la disolución de la Suprema Corte de Justicia, lo que fue avalado por el Congreso. 27 de los 31 magistrados fueron sustituidos y una de sus primeras decisiones en marzo fue anular los juicios que se habían iniciado contra los expresidentes Bucaram y Gustavo Noboa.

No fue un gesto gratuito del presidente Gutiérrez, sino el pago por el favor recibido del partido Roldosista que en noviembre lo había salvado de un juicio en el Congreso.

El retorno a Ecuador de Bucaram y Noboa, este último desde la República Dominicana, donde estaba exiliado desde que se dictó su procesamiento por corrupción, abrió el camino para la caída de Gutiérrez. Desde entonces las protestas fueron en ascenso.

La indignación que se apoderó de las masas, incluyendo las clases medias fue tal que al grito de que se vayan todos irrumpieron en el Palacio del Congreso, en el local donde fue destituido el presidente Gutierrez golpeando legisladores, y hasta en las pistas del aeropuerto capitalino donde impidieron que el mandatario depuesto pudiera abandonar el país en una avioneta.

LOS RETOS DE PALACIO

La frustración de los ecuatorianos parece tan pronunciada que a juicio de observadores podría representar el caos para la nación, pues hace muy difícil la gobernabilidad. El vicepresidente ahora en funciones, el médico Alfredo Palacio, se proclama sin partido para conseguir confianza de la población.

Los retos son resumidos en el editorial del diario Hoy en Internet: combate a la pobreza, generación de empleo, distribución equitativa de la riqueza, lucha contra la corrupción. Señala que “consignas como Lucio fuera y que se vayan todos resumen el hartazgo colectivo por la degradación de la práctica política y el clamor por un ejercicio distinto de esta”.

El periódico advierte que el nuevo presidente no tiene un cheque en blanco y deberá responder a ese clamor en una transición que permita poner las bases de una democracia participativa. “La rendición de cuentas de los causantes de la crisis exige una justicia despolitizada. Es urgente ampliar la participación ciudadana para que el último día del gutierrismo no sea, como en otros finales, el primero de lo mismo”.

América Latina y los organismos internacionales, como la Organización de Estados Americanos ven la situación ecuatoriana con alarma e impotencia. Pero la realidad es que el pueblo se ha cansado y ha tomado las plazas y calles. Los estudios políticos lo han advertido y Ecuador no está más que completando el ciclo de la pérdida de fe en el sistema político.

Al igual que en Perú y Bolivia nadie puede asegurar quien será el presidente el año próximo. En Argentina hay una tregua porque el presidente Nestor Kirchner priorizó la atención a la deuda social sobre la deuda externa. Y en el resto de América Latina los semáforos políticos-sociales están en amarillo. El que tenga ojos para ver y oídos para escuchar que vea y escuche el clamor por la equidad y contra la corrupción y la impunidad.-