Edipo y Electra y Jesucristo

Edipo y Electra y Jesucristo

Es una pena que la gente común (y, a menudo, la no tan común), tengan una visión de las cosas humanas y de la historia en términos de blanco o negro, malo o bueno. Más que juicios, acumulan prejuicios. Lo que no es del todo malo, pues los prejuicios nos libran de muchos problemas, aunque también crean complicaciones. Duarte y Santana, Trujillo y Balaguer, Bosch, Leonel, Hipólito y demás, han tenido, sus luces y sus sombras, unos más, otros menos. La Biblia dice que no hay uno solo que sea bueno. Por ello deberíamos ser cautos en eso de juzgar personas. Lo mismo al enjuiciar ideas, doctrinas y autores. Sigmund Freud y Carlos Marx fueron detractores de la religión, y no en vano los religiosos se escandalizaron con sus teorías y concepciones acerca del hombre y la realidad social. Pero ningún estudioso de la conducta humana deberá desdeñar ni dejar de aprovechar los aportes de estos pensadores.

Especialmente escándalos fue la introducción de los conceptos de libido sexual y el del complejo de Edipo. Sigmund Freud, forzando un tanto una fábula griega, propuso que entre el hijo varón y el padre se produce una lucha por el amor y la posesión de la madre. El incesto en cuestión, debió tomarse como una analogía, un simbolismo de utilidad analítica, solamente. Ralph Dahrendorf desarrolló una teoría del conflicto social proponiendo que “toda relación de dominación genera un conflicto permanente, estructural, entre dominante y dominado”. Una adaptación de la teoría marxista de la lucha de clases, pero más útil y libre de prejuicios político-filosóficos. Incluso aplicable a Edipo, y a todo niño respecto a su padre. Pues es lo que le sucede a toda persona sujeta al dominio de otra, lo cual no necesariamente se manifiesta si la relación transcurre en cierta armonía. La de un buen patrón y un buen empleado, siempre será conflictiva en potencia, y puede evidenciarse cualquier día en que el subalterno haga algo que no le guste al jefe. La teoría, freudiana, con las salvedades de lugar, puede ser muy útil para entender la rebeldía del hombre frente a Dios. La tentación de rebelarse, de desobedecer está presente siempre, desde Adán y Eva, en todos los hogares, empresas y estados. Mientras los freudianos intentan explicar el surgimiento de la religión como una rebelión edípica contra Dios, (pero sublimada y disfrazada en una falsa creencia, para evitar los riesgos de ser castigados); también puede proponerse que la incredulidad y rebeldía de Marx y Freud buscó refugio contra un posible castigo divino y de los creyentes, apoyándose en la “religión de la ciencia”, en la comunidad de los incrédulos. Dramático y Pintoresco es el caso cuando un Edipo, que no teniendo coraje para enfrentar al padre y posesionarse de la madre, asume la conducta de la madre y se dedica a seducir al padre, es decir a los varones. El único que resuelve esos conflictos es Jesucristo, como símbolo o como realidad espiritual: porque él y el padre son una misma persona.

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